Legisladores tibetanos en el exilio advirtieron en Dharamsala (India) de que Pekín podría aprovechar las reunificaciones familiares, el turismo y las giras juveniles como parte de su estrategia de «frente unido» hacia la diáspora tibetana. El asunto fue debatido en septiembre de 2026, en el octavo día de la sesión en curso del Parlamento Tibetano en el Exilio, según informó el medio Bitter Winter en un artículo firmado con el seudónimo Lopsang Gurung «por motivos de seguridad».

El ministro responsable del Departamento de Seguridad de la Administración Central Tibetana (CTA), Kunga Tashi, indicó que su departamento ya conocía la existencia de giras organizadas para jóvenes tibetanos de Europa y valoró que estaban motivadas, al menos en parte, por los intereses económicos privados de sus promotores. Pidió a la comunidad mantenerse alerta y señaló que los exiliados que sufran presiones o intimidación por parte de las autoridades chinas en el extranjero deben informar a su departamento, ya que la documentación de casos de represión transnacional permite a la CTA plantear la cuestión ante los gobiernos concernidos. Instó asimismo a los visitantes a asegurarse de que «su presencia en el Tíbet no los transforme en instrumentos de la propaganda china».

El parlamentario Lobsang Gyatso Sither reconoció que un viaje puede ofrecer una ocasión valiosa para reencontrarse con familiares, pero recomendó una reflexión cuidadosa, recordó que algunos exiliados obtuvieron asilo describiendo las penurias vividas en el Tíbet y lamentó los desplazamientos realizados sin transparencia. Advirtió de que un visitante tibetano podría ser presentado como alguien que respalda la campaña turística de Pekín, y aconsejó seguir las orientaciones de viaje del Kashag —el gabinete de la CTA— y mantener contacto con el Departamento de Seguridad.

El artículo sitúa estas advertencias en el contexto de la expansión del turismo en la meseta tibetana, a la que el plan quinquenal chino para 2026-2030 otorga un peso considerable, con ambiciosas metas de llegadas internacionales, y describe ese turismo como un escaparate del relato del Partido Comunista sobre prosperidad y armonía étnica, en una región donde periodistas, diplomáticos y observadores de derechos humanos afrontan severas restricciones de acceso. Las afirmaciones proceden mayoritariamente de responsables de la CTA y de un medio vinculado al exilio.

Fuente: Bitter Winter