Dos expertos de las Naciones Unidas exigieron a Irán que explique la confiscación de la iglesia protestante más antigua del país. La noticia de que Irán había confiscado la iglesia evangélica de San Pedro, en Teherán, y expulsado a los residentes cristianos, había salido a la luz en julio. La propiedad, de unas cuatro hectáreas, contenía viviendas, dos escuelas y oficinas utilizadas por la Sociedad Bíblica y por el Consejo de Iglesias Evangélicas de Irán, propietario del terreno; alrededor de 20 familias de las históricas comunidades cristianas asiria y armenia fueron desalojadas.

Ahora se ha sabido que la relatora especial de la ONU sobre la situación de los derechos humanos en Irán, Mai Sato, y la relatora especial sobre la libertad de religión o de creencias, Nazila Ghanea, enviaron el 10 de julio una comunicación oficial al gobierno iraní; por los protocolos de la ONU, se hizo pública 60 días después. Las expertas afirmaron estar «preocupadas de que estos hechos no parezcan constituir un incidente aislado, sino más bien la culminación de un patrón de medidas de décadas dirigidas contra la comunidad cristiana en Irán, y en particular contra el culto cristiano en lengua persa».

Señalaron que otras propiedades eclesiásticas del país han sido confiscadas, cerradas, demolidas o reconvertidas, y que Irán no ha aclarado qué reparación, si alguna, se ha ofrecido a las comunidades afectadas: «Alguna vez hubo unas 50 iglesias protestantes que ofrecían servicios en persa en Irán. Hoy prácticamente no queda ninguna, porque las tres iglesias anglicanas a las que se permitía predicar en persa en Teherán, Isfahán y Shiraz no han podido reabrir desde la pandemia».

Desde la publicación de la comunicación original, las relatoras dijeron no haber recibido respuesta de Irán y que la iglesia de San Pedro se encontraba bajo la custodia de las fuerzas del régimen. «Los desalojos forzosos de este tipo son incompatibles con el derecho internacional de los derechos humanos, y estas medidas han privado a una comunidad de larga data tanto de sus hogares como de su lugar de culto», concluyeron.

Fuente: The Christian Post