La seguridad desplaza a la educación en las escuelas judías ante el aumento del antisemitismo Reino Unido 2026

Una revisión independiente encargada por el Gobierno británico ha puesto al descubierto una realidad alarmante: los directores de los centros educativos judíos en el país dedican hoy más tiempo a gestionar medidas de seguridad que a diseñar, supervisar y mejorar los procesos de enseñanza y aprendizaje. La investigación, dirigida por David Bell —quien fuera secretario permanente del Departamento de Educación entre 2006 y 2011 e inspector jefe de escuelas en Inglaterra entre 2002 y 2005— recopila testimonios de directores, alumnos y docentes de todo el sistema educativo inglés, y sus conclusiones preliminares han sido dadas a conocer por la cadena BBC antes de su publicación definitiva, prevista para el próximo otoño. El informe advierte de que el alumnado judío se enfrenta a una presión, e incluso a una crisis, que no viven otras comunidades en el Reino Unido, y señala que el antisemitismo ha dejado de ser un fenómeno exclusivamente dirigido a personas adultas para instalarse también en el entorno escolar, afectando directamente a niños y jóvenes.

Los testimonios de los directores escolares, recogidos de forma anónima por respeto a su seguridad y a la de sus centros, dibujan un panorama en el que la protección se ha convertido en prioridad absoluta, en detrimento de la labor educativa. Uno de ellos explicó que en los últimos años la seguridad ha pasado a ser un objetivo prioritario en grado extremo, hasta el punto de haber semanas en las que aproximadamente el noventa por ciento de su tiempo se ha consagrado a asuntos relacionados con la protección del centro. Añadió que las preocupaciones por la seguridad no terminan al final de la jornada escolar, sino que acompañan a los directores fuera del horario laboral y, literalmente, les quitan el sueño. Otro director expresó que la exigencia de dedicar atención y recursos a la seguridad le impide trabajar en las prioridades pedagógicas y en la mejora del centro; en lugar de ello, su tiempo y su energía se consumen en medidas de protección, algo que debería estar garantizado para todos los niños y niñas del país sin que sus maestros tengan que descuidar por ello su misión educadora. La revisión destaca que el nivel de seguridad física necesario en estas escuelas es extraordinariamente alto y que esta situación no es conocida ni valorada en toda su dimensión por la sociedad británica en su conjunto, que apenas percibe el peso cotidiano que soporta la comunidad educativa judía.

Los relatos de los alumnos que han prestado testimonio resultan igualmente desoladores. Uno de los adolescentes contó que en su centro escolar le han llegado a decir que debería haber muerto en las cámaras de gas, que se han dibujado esvásticas en numerosas aulas y que los saludos nazis se han vuelto frecuentes entre sus compañeros. Para alguien cuya familia sufrió directamente el Holocausto, explicó, escuchar esos comentarios y soportar esa hostilidad resulta profundamente doloroso y difícil de asimilar. Sin embargo, también aportó un dato esperanzador: tras recibir una clase específica sobre el antisemitismo en la época contemporánea, las actitudes de sus compañeros cambiaron de forma inmediata, muchos se disculparon y los episodios de hostigamiento disminuyeron de manera notable. Si esa experiencia funcionó en su escuela, afirmó, no hay razón por la que no pueda repetirse en todos los centros del país. Esta observación ha servido de base para que el equipo de David Bell proponga, entre sus recomendaciones finales, la implantación de programas de formación para el cuerpo docente, la unificación de criterios y procedimientos a la hora de registrar y comunicar los incidentes antisemitas, y la incorporación de contenidos educativos sobre el antisemitismo en los planes de estudio de todos los centros escolares.

Los datos que acompañan a estas declaraciones confirman que se trata de una tendencia sostenida y preocupante. Según cifras aportadas por el Community Security Trust, organización encargada de velar por la seguridad de la comunidad judía en el Reino Unido, los incidentes antisemitas registrados en el ámbito escolar durante el primer semestre de 2026 han alcanzado la cifra más alta jamás registrada para un periodo de seis meses. En concreto, se han documentado 178 episodios en lo que va de año, frente a los 112 contabilizados en el mismo periodo de 2025, lo que representa un aumento del cincuenta y nueve por ciento en tan solo un año. Esta escalada coincide con el refuerzo de las medidas de seguridad en escuelas, sinagogas y centros comunitarios, y evidencia que las barreras físicas, los sistemas de vigilancia y los patrullajes, aunque necesarios, no bastan por sí solos para erradicar el origen del problema. Por su parte, la secretaria de Educación, Lucy Powell, ha declarado con rotundidad que el antisemitismo no tiene cabida en la sociedad británica y mucho menos en el sistema educativo; que los niños y niñas judíos, así como el personal docente y no docente de esa confesión, no deberían tener que enfrentarse jamás al odio ni a la discriminación; y que cada escuela y cada instituto debe estar preparado y dotado de recursos suficientes para hacer frente al antisemitismo en cuanto se manifiesta.

El informe preliminar deja claro, en definitiva, que la situación que viven las escuelas judías del Reino Unido es insostenible. Que quienes están llamados a dirigir la educación de los jóvenes se vean obligados a dedicar casi toda su energía a preservar su seguridad revela la gravedad de una amenaza que ha penetrado en los espacios donde debería imperar la confianza, el respeto y la igualdad. Las recomendaciones que se presentarán en otoño —formación del profesorado, criterios uniformes de registro de incidentes y educación sobre el antisemitismo desde edades tempranas— constituyen una hoja de ruta que el Gobierno británico debería acoger con decisión y poner en práctica sin demora. Garantizar la seguridad de los alumnos es un deber del Estado, pero garantizar que puedan estudiar sin miedo y que sus directores puedan dedicarse a educar en lugar de protegerlos de sus propios compatriotas es también una exigencia de dignidad y de justicia. El problema no se agota en muros ni cámaras de vigilancia; se resuelve enseñando, corrigiendo prejuicios y dejando claro, en cada aula del país, que el odio contra el pueblo judío es inaceptable, que sus víctimas merecen respeto y que ningún niño debería sentirse amenazado por el simple hecho de ser quien es.

Fuente: diariojudio.com