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«No importa si tenemos un trabajo estable o no, si somos económicamente independientes; el miedo a ser arrestado por nuestra religión nunca cesa.» – Khadija de Murshidabad.

«Mis experiencias pasadas con un profesional de la salud mental fueron improductivas y mentalmente agotadoras. Si la gente que se supone nos ayuda no entiende la opresión que enfrentamos, ¿cómo podremos compartir nuestras incertidumbres en un ambiente sin juicios?» -Javed de Bhopal.

Khadijha y Javed, y muchos como ellos, anhelan un espacio seguro para expresar las diarias y múltiples injusticias y discriminaciones que enfrentan. Necesitaban comunicar sus ansiedades libremente.

En la India, en los últimos decenios, se han producido implacables asaltos a los derechos de las comunidades minoritarias y las castas oprimidas. Sin embargo, se presta poca o ninguna atención al estado de salud mental de los miembros de estas comunidades. No se han realizado estudios para analizar la correlación entre las acciones del Estado y el efecto que tiene en la salud mental de la comunidad musulmana.

En un esfuerzo por llegar y crear un espacio seguro para que los musulmanes se expresen, el Colectivo Bebaak organizó un debate con personas de ocho estados, entre el 8 y el 22 de septiembre. Los debates fueron muy reveladores. Gente de todo el país comunicó sus luchas en el clima actual, y el impacto emocional que ha tenido en ellos. Varios participantes expresaron lo conectados que se sienten en un espacio que no buscaba aislarlos, y se relacionaron con lo que tuvieron que sufrir en su lugar.

Aunque la India es un país laico, la discriminación y las privaciones a las que se enfrentan los miembros de la comunidad musulmana aquí están bien documentadas. El reciente veredicto de la protesta del Shaheen Bagh es un buen ejemplo de la forma en que la comunidad musulmana sufrió a manos del Estado a través de una serie de políticas y leyes. La protesta, que atrajo a mujeres musulmanas de toda la India, fue monumental y sin precedentes. Las mujeres musulmanas, que se enfrentan a la opresión religiosa y de género, se unieron para proteger sus derechos y protestar contra la discriminatoria Ley de Enmienda de la Ciudadanía (CAA), 2019. Incluso después de haber sido amenazadas implacablemente, protestaron; muchas saliendo de sus casas por primera vez.

Sin embargo, el estado prohibió los disturbios públicos o el bloqueo de las calles durante una protesta, pasando por alto completamente las preocupaciones de la comunidad minoritaria y abordando, en cambio, sólo los «inconvenientes» a los que se enfrentaría el público no afectado. Cada vez que los marginados se presentan a hablar en nombre de su comunidad, son reprimidos por las autoridades y fichados bajo leyes draconianas como la UAPA. Hubo muchos casos durante las protestas contra la CNR y la violencia en Delhi, en los que activistas, académicos y jóvenes musulmanes fueron discriminados e incluso atacados por la policía.

Esta opresión sistémica, simplemente debido a su identidad musulmana, ha impactado negativamente el bienestar mental de la comunidad.

¿Dónde están las voces de las mujeres musulmanas? ¿Cuánto tiempo permitiremos que los hombres islamófobos tomen nuestras decisiones por nosotras? ¿Cuándo reconocerá el Estado nuestra autonomía cognitiva? Estas preguntas están en la mente de los musulmanes indios mientras la situación se desarrolla, y empeora, ante sus ojos.

La continua falta de justicia y el encarcelamiento de los líderes de la comunidad han dejado a los musulmanes en un constante estado de frustración y miedo. No tienen una salida para desahogar sus preocupaciones. El Estado ha creado una situación en la que la comunidad se siente completamente aislada del resto del país. Algo tan trivial como transmitir un mensaje crítico con el gobierno se considera «antinacional». Todos estos incidentes han impactado inmensamente en la salud mental de la comunidad.

Dada la dura situación económica de la India, para la mayoría de los ciudadanos, el acceso a los servicios de salud mental se ha convertido en un privilegio más que en una necesidad médica. La situación se agrava en el caso de una proporción importante de musulmanes que no tienen seguridad financiera. Además, otras barreras estructurales obstaculizan su capacidad para pagar una atención de salud mental de calidad. En un informe de la Oficina Nacional de Estadística se reveló que la tasa de alfabetización de las mujeres musulmanas en la India era inferior a la de las mujeres de cualquier otra religión. Los musulmanes también tienen la mayor proporción de jóvenes (de tres a 35 años) que nunca se han inscrito en programas de educación formal. Estas barreras limitan las oportunidades de la comunidad para obtener un empleo formal, y por lo tanto muchos terminan atascados en el ciclo de la pobreza.

Incluso los musulmanes que pueden pagar la terapia terminan enfrentando nuevos obstáculos. La industria de la salud mental a menudo opera desde un espacio de neutralidad mientras intenta hacer un diagnóstico y proporcionar una intervención. Sin embargo, no reconoce el estrés mental que proviene de las estructuras institucionalizadas de opresión sobre las minorías. Al llamarse a sí misma «neutral», la industria termina por ocultar su mentalidad islamófoba y anticasta. A menudo, los profesionales de la salud mental tienden a centrarse en la clasificación de una determinada condición mental, y no exploran las causas psicosociales que se esconden detrás de ellas.

Como Javed experimentó, los psicólogos a menudo no reconocen las luchas que se derivan de la pertenencia a un grupo oprimido. A menudo encuentran que sus problemas son socavados, como si la medicación fuera la única solución a su problema. Javed tuvo que explicar repetidamente su frustración por las políticas discriminatorias, pero se enfrentó a un muro cuando el psicólogo se negó a «politizar sus sesiones». De esta manera, las cámaras del terapeuta no proporcionaban un espacio seguro a Javed para comunicar sus preocupaciones.

Es esencial comenzar a tener importantes discusiones políticas mientras intentamos proporcionar a los marginados la tan necesaria atención comunitaria. Hasta que los profesionales de la salud mental no entiendan las grandes luchas que enfrenta la comunidad musulmana, muchos de la comunidad se negarán a buscar ayuda. Aprendimos durante nuestras interacciones con la comunidad musulmana, que aunque desean hablar de sus experiencias traumáticas, también dudan en hacerlo. Quieren compartir sus experiencias sobre el estrés causado por las políticas patrocinadas por el Estado y la discriminación social. Sin embargo, temen que el Estado y sus partidarios exploten sus vulnerabilidades si las revelan. Sin embargo, para romper el estigma de hablar de salud mental, tendremos que empezar a observar, aceptar y trabajar en pro de la injusticia a la que se han enfrentado las minorías, y proporcionarles una mejor atención de salud mental.

Fuente: News Click