Una campaña de recolección de alimentos en el oeste de Sídney transforma la amistad interreligiosa en ayuda práctica para familias afganas

Una campaña de recolección de alimentos de un mes en el oeste de Sídney ofreció un ejemplo práctico de lo que puede lograr la cooperación interreligiosa cuando la conversación se combina con el servicio.

El Centro Columbano para las Relaciones Cristiano-Musulmanas trabajó con la parroquia de San Andrés Apóstol, en Marayong, para recolectar alimentos y artículos esenciales para Mahboba’s Promise, organización que apoya a mujeres y niños vulnerables en Afganistán y a refugiados que reconstruyen sus vidas en Australia.

Al terminar la colecta, los feligreses habían reunido dos automóviles llenos de suministros. Los artículos se entregaron directamente a niños afganos del oeste de Sídney, ofreciendo ayuda inmediata y una señal visible de bienvenida.

Las relaciones hicieron posible el proyecto

La iniciativa se desarrolló mediante una red de relaciones locales. Merilyn Hancock, feligresa de San Andrés e integrante de la Comisión Interreligiosa de la Diócesis de Parramatta, conectó al Centro Columbano con el Comité de Justicia Social de la parroquia. Socorro Amos, presidenta del comité, y los sacerdotes Kevin Redmond y Floyd Gatana invitaron a la congregación a contribuir. La Sociedad de San Vicente de Paúl también apoyó la colecta.

La campaña culminó el 26 de julio, cuando Mahboba Rawi, fundadora de Mahboba’s Promise, y tres adolescentes afganos visitaron la parroquia. Después de misa, feligreses e invitados compartieron refrigerios y conversaron informalmente sobre las experiencias de reasentamiento de los jóvenes.

Rawi describió el trabajo de su organización en educación, vivienda y cuidado infantil. El encuentro permitió ver el efecto humano de las donaciones y dio a los visitantes la oportunidad de conocer a quienes los apoyaban. Catholic Outlook destacó el proyecto como ejemplo de comunidades cristianas y musulmanas que encuentran un terreno común mediante la preocupación por las personas desplazadas.

Más allá del diálogo simbólico

Las iniciativas interreligiosas a veces se juzgan por el tamaño de sus conferencias o la prominencia de sus oradores. El proyecto de Marayong sugiere otra medida: si una relación produce algo útil para quienes atraviesan dificultades.

En este caso, la colecta fue deliberadamente modesta y local. Los feligreses reunieron alimentos y artículos de primera necesidad, las organizaciones comunitarias pusieron en contacto a donantes y beneficiarios, y una reunión informal creó un espacio de conversación entre personas de distintos orígenes religiosos y culturales.

La ayuda material responde a una necesidad urgente, mientras los encuentros personales reducen la distancia entre comunidades establecidas y familias recién llegadas. Ningún elemento exige minimizar la identidad religiosa. Las enseñanzas católicas sobre el servicio y el compromiso musulmán con la caridad y la hospitalidad se convierten en puntos de cooperación.

El proyecto ofrece un modelo adaptable. Una iglesia, mezquita, sinagoga, templo o asociación vecinal laica no necesita crear una gran institución: puede identificar a un socio local de confianza, preguntar qué se necesita y organizar una respuesta específica.

Una bienvenida expresada a través de la acción

Para los refugiados, el sentido de pertenencia no solo se construye mediante programas gubernamentales, sino también a través del contacto cotidiano con los vecinos. Una bolsa de alimentos no resuelve todos los problemas del reasentamiento, pero comunica que una familia no ha sido olvidada.

La campaña demuestra cómo las comunidades religiosas pueden fortalecer la cohesión social sin reducir el diálogo interreligioso a meros rituales. Su principal logro fue sencillo: las personas entablaron relaciones, se escucharon y ofrecieron apoyo práctico.

En una época en la que las diferencias religiosas suelen presentarse como fuente de tensión, esta es una historia constructiva que vale la pena repetir. La cooperación se vuelve creíble cuando se manifiesta en mesas bien surtidas, refrigerios compartidos y una cálida bienvenida a los nuevos vecinos.

Fuente: World Religion News