El 24 de julio de 2026, dos sismos sacudieron Venezuela y dejaron víctimas, daños estructurales y familias afectadas en distintas regiones del país. Ante la emergencia, la Iglesia Adventista del Séptimo Día activó una respuesta humanitaria que continúa dos meses después de los terremotos, con la movilización de voluntarios, donaciones y recursos para las comunidades que aún enfrentan las consecuencias del desastre.
La Unión Venezolana Occidental (UVO), sede administrativa de la Iglesia Adventista para esa región del país, estableció dos comités de gestión de crisis para coordinar la respuesta en su territorio y trabajar junto con la Agencia Adventista de Desarrollo y Recursos Asistenciales (ADRA) Venezuela. Como parte de esta estrategia, se habilitaron centros de recolección en iglesias, instituciones educativas, centros de salud y sedes administrativas.
De la misma manera, el Hospital Adventista de Venezuela, ubicado en Barquisimeto, asumió un papel estratégico en esta operación al funcionar como centro principal para recibir, clasificar, almacenar y enviar las donaciones destinadas a las zonas afectadas.
Una respuesta movilizada desde las iglesias
La respuesta de la Iglesia Adventista ante los terremotos en Venezuela comenzó pocos días después del desastre. Miembros de distintas congregaciones recolectaron alimentos, ropa, agua potable, artículos de higiene, pañales, medicamentos y otros productos de primera necesidad.
Orlando Ramírez, presidente de la Unión Venezolana Occidental, destacó la rapidez con la que los miembros de la Iglesia se movilizaron. Según explicó, dos días después del terremoto en Venezuela, el principal centro de recolección ya se encontraba lleno y fue posible enviar el primer camión con donaciones hacia Caracas.
En Táchira, por ejemplo, iglesias del Distrito 5 reunieron 150 bolsas de alimentos y 120 kits para bebés. Los paquetes incluían leche en polvo, cereales, biberones, pañales, toallitas húmedas, ropa, zapatos, materiales educativos y juguetes.
Las donaciones fueron trasladadas desde Ureña, en Táchira, hasta Barquisimeto, donde se encontraba el centro principal de recolección de la Unión Venezolana Occidental.
En Trujillo, la campaña también movilizó a miembros de las iglesias. Mariela Caldera, de la Iglesia Adventista La Floresta, compartió información sobre la iniciativa en redes sociales y, con el apoyo de su pastor, facilitó la recepción de donaciones provenientes del extranjero.
El Hospital Adventista como centro de operaciones
La estructura del Hospital Adventista de Venezuela permitió centralizar parte de la respuesta humanitaria. Desde allí se recibieron, organizaron y prepararon suministros para su posterior distribución. “Cada detalle del trabajo en este centro de recolección es un acto de empatía colectiva”, afirmó la doctora Eglee Alastre, directora médica de la institución.
En total, cinco camiones con alimentos, ropa, agua potable, productos de higiene, pañales, medicamentos y otros suministros fueron enviados al centro de recolección de la Iglesia Adventista en El Paraíso, Caracas. Parte de la ayuda también fue destinada al estado de Carabobo. Allí se distribuyeron alimentos entre familias adventistas de dos iglesias del norte del estado y aproximadamente 500 familias de comunidades cercanas.
ADRA y voluntarios llegan a las zonas afectadas
Diez días después de los terremotos, un equipo de la Unión Venezolana Occidental viajó a Caracas y La Guaira para acompañar las acciones de ayuda y ponerse a disposición de ADRA Venezuela.
En las zonas afectadas, los voluntarios colaboraron en la organización logística de las donaciones y participaron en la distribución de aproximadamente 1.000 kits de higiene entregados por ADRA Venezuela en dos comunidades de La Guaira.
Durante la visita, el equipo también tuvo contacto con familias que perdieron sus viviendas y pertenencias a causa de los sismos.
Uno de los testimonios recogidos fue el de José, un residente de La Guaira que, debido a una enfermedad que limita su movilidad, no pudo evacuar su vivienda cuando las paredes comenzaron a derrumbarse. En medio de la situación, pidió ayuda a Dios y, segundos después, su nieto de 10 años regresó para rescatarlo.
Aunque José perdió sus pertenencias y actualmente vive con su familia en un refugio temporal, expresó su gratitud por haber sobrevivido y por la oportunidad de comenzar nuevamente. Otros miembros del equipo también destacaron la disposición de personas afectadas que, a pesar de haber perdido sus hogares, continuaron ayudando a sus vecinos.
Presencia y servicio en el terreno
A medida que avanzan las labores de recuperación tras los terremotos en Venezuela, la Unión Venezolana Occidental mantiene su compromiso de acompañar a las comunidades afectadas. La respuesta ha involucrado a miembros de iglesia, voluntarios, líderes e instituciones adventistas que han unido recursos y esfuerzos para atender necesidades concretas.
“Mientras persistan las necesidades, miles de miembros adventistas, voluntarios e instituciones están uniendo sus oraciones, recursos y esfuerzos para llevar esperanza a quienes más la necesitan”, afirmó Ramírez.
Fuente: Iglesia Adventista del Séptimo Día
