A sus 19 años, Duaa-Azeem Choudhary no es ajena al odio.
Nacida en Quebec de padres inmigrantes paquistaníes que no hablaban francés, Choudhary y su familia intentaron escapar del racismo que sufrían en esa provincia trasladándose a Calgary.
Pero en su nuevo hogar, Choudhary se convirtió un día en blanco de acoso islamófobo mientras viajaba en autobús. Recuerda que era la única persona del autobús que llevaba hiyab cuando un grupo de hombres empezó a mirarla fijamente.
«Me fijé en un grupo de hombres blancos que no dejaban de mirarme y me miraban mal», cuenta Choudhary. Choudhary ignoró a los hombres con la esperanza de que la situación no fuera a mayores, pero cuando bajaron del autobús, se detuvieron justo delante de su ventana.
«Uno de ellos me escupió directamente a la cara. Y no sé, fue como un momento de shock para mí, porque nunca antes había experimentado algo así y me sentí señalada».
El incidente ocurrió cuando Choudhary tenía 17 años, dos meses después de ponerse el hiyab por primera vez. Antes de eso, dice que no experimentó tanto racismo.
«Sin duda noté un ligero cambio, como interacciones más frías… pero nunca me había pasado nada parecido, así que tardé un tiempo en asimilarlo», dice.
Llevar el hiyab
Llevar el hiyab se considera un acto de culto. Es una elección personal e independiente que las mujeres musulmanas toman cuando alcanzan la mayoría de edad.
Inspirada por su madre, Choudhary siempre quiso llevar el hiyab, y acabó haciéndolo cuando empezó la universidad.
«Mucha gente sabe que hubo un incidente en el parque de Prince’s Island, en el que una mujer que llevaba hiyab fue agredida por un delito motivado por el odio», explica Zainab Khan, directora del proyecto Maskan, del Grupo Canadiense de Apoyo a los Paquistaníes (CPSG, por sus siglas en inglés).
En los últimos tiempos, incidentes similares al de Choudary y al del parque de Prince’s Island se han convertido en habituales. Varias mujeres de confesión islámica han sido víctimas de agresiones verbales y físicas en Calgary a causa de su aspecto.
Tras el incidente de Prince’s Island Park, Khan dijo que algunas personas de la comunidad se cuestionaban a sí mismas y se preguntaban si debían permitir que sus hijas llevaran hiyab.
«Si deberían perder su identidad… Ésas eran las confusiones, ésas eran las cosas que pasaban en la comunidad sin que se escucharan», dijo.
«Esas eran las cosas a las que había que dar voz, esas experiencias».
Todo esto ha hecho que Choudhary empiece a preguntarse si el acoso al que ella y otras personas se enfrentan se debe a ideas erróneas sobre el Islam.
Un futuro más tolerante
En un acto organizado por la CPSG centrado en el intercambio de preocupaciones y recomendaciones sobre la lucha contra los delitos motivados por el odio y el racismo, musulmanes y no musulmanes se reunieron para relatar sus experiencias y proponer formas de intentar erradicar el odio.
«Si estos delitos de odio se producen debido a falsas percepciones de nuestra religión, entonces quizá debamos hablar de cuál es nuestra religión», afirmó Choudhary.
El acto forma parte de la serie antirracismo del gobierno provincial, un plan establecido por el gobierno de Alberta para fomentar la tolerancia y la comprensión.
Más concretamente, el acto se centró en expresar las preocupaciones y experiencias de los musulmanes y las mujeres musulmanas -especialmente las que llevan hiyab- en un intento de recabar información para que el gobierno combata la discriminación.
Tanto para Choudhary como para Khan, el camino a seguir es sencillo. Educar a la gente sobre el Islam y destacar los mensajes de paz, tolerancia e igualdad de la religión.
«Nos hace falta a todos para construir una Alberta inclusiva y diversa. Y para nosotros es importante conocer las diferentes culturas y religiones», afirma Khan.
«Se trata de conectar con los demás y difundir el mensaje de paz».
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Fuente: CBC
