“Un derecho no es algo que alguien te da; es algo que nadie te puede quitar.” -Ramsey Clark, ex fiscal de general de los Estados Unidos
El derecho a la verdad es un pilar fundamental para combatir la impunidad y prevenir que se repitan actos violatorios de Derechos Humanos. El derecho a la verdad es comúnmente empleado para exigir el esclarecimiento, la investigación y sanción de infracciones graves que vulneran los Derechos Fundamentales, pues comprende el conocimiento pleno de las circunstancias en las que la violación se perpetró. Este derecho no se encuentra explícitamente recogido en los instrumentos interamericanos de Derechos Humanos, sin embargo, su importancia se expone a menudo en el contexto de las violaciones graves de Derechos.
Es por esto, que desde el año 2010, la Asamblea General de las Naciones Unidas estableció el 24 de marzo como el Día Internacional del Derecho a la Verdad en relación con Violaciones Graves de los Derechos Humanos y de la Dignidad de las Víctimas. El propósito de esta fecha es promover la importancia del derecho a la verdad y la justicia, así como conmemorar a quienes han dado su vida por promover y proteger los derechos humanos de todos. Especialmente de Monseñor Óscar Arnulfo Romero, reconocido internacionalmente por defender los Derechos Humanos de las poblaciones más vulnerables de El Salvador. Este día, fue seleccionado específicamente para rendir tributo a Monseñor Romero, quien fue asesinado el 24 de marzo de 1980, tras denunciar los abusos que se cometían en su país.
Monseñor Óscar Arnulfo Romero

“ Este es el pensamiento fundamental de mi predicación: nada me importa tanto como la vida humana”. – Monseñor Óscar Arnulfo Romero
Conocido como “La voz de los sin voz”, Monseñor Óscar Arnulfo Romero fue un sacerdote católico, cuarto arzobispo metropolitano de San Salvador y reconocido líder, aclamado por su defensa de los Derechos Humanos. Su lucha comenzaría en 1974, siendo sacerdote de la Diócesis de Santiago de María, donde atestiguó la represión contra los campesinos. A partir de ese momento, Monseñor Romero comenzaría a exigir al Estado justicia y garantía en favor de los más pobres.
Sin embargo, su labor adquiriría mayor relevancia en 1977, tras ser nombrado arzobispo en San Salvador. Al ser testigo de la enorme cantidad de violaciones a los Derechos Humanos que se cometían en El Salvador, instó al entonces presidente, el coronel Arturo Armando Molina Barraza, a investigar los crímenes cometidos y a castigar a los culpables, así como a alentó a la prensa nacional a informar sobre los hechos. Ante la falta de respuesta y acción por parte de ambos actores, Monseñor Romero comenzó a denunciar en sus homilías dominicales numerosos abusos hacia los más vulnerables y manifestó en público su solidaridad hacia las víctimas de la violencia política de su país.
La fuerte postura de Monseñor Romero fue apoyada y aplaudida por diversos líderes e instituciones a nivel internacional. Su labor le otorgó el grado de Doctor Honoris Causa por la Universidad de Georgetown en 1978; en 1979, fue nominado al Premio Nobel de la Paz, y en febrero de 1980, la Universidad de Lovaina, en Bélgica, también lo nombró Doctor Honoris Causa. Su rotunda oposición a la violencia, le merecería además el Premio de la Paz de la Luterana Acción Ecuménica Sueca, en febrero del mismo año.

No obstante, dentro de El Salvador la realidad de Monseñor Romero era distinta. Su incansable lucha a favor de los Derechos Humanos se traduciría en constantes amenazas en su contra. Durante 1980, El Salvador atravesaba por una crisis violenta, en donde ningún derecho se respetaba y las libertades eran reprimidas por parte del Estado; dando inicio a una guerra civil que duraría desde 1979 hasta 1991.
A inicios de marzo, Monseñor Romero recibiría diversas amenazas de muerte a su residencia vía telefónica. Sin embargo, esto no lo detendría a continuar denunciando las violaciones y a exigir la búsqueda de la verdad y justicia por parte de las autoridades. Finalmente, el 24 de marzo de 1980, fue asesinado mientras oficiaba la misa en la capilla del Hospital de la Divina Providencia en San Salvador. Su asesinato fue atribuido al militar Roberto D’Aubuisson Arrieta, líder de los escuadrones de la muerte y quien jamás fue juzgado. No obstante, en su reporte de 2016, la Comisión Nacional de Derecho Humanos (CNDH) “señala al Estado salvadoreño como responsable de diversas violaciones a los derechos humanos de La voz de los sin voz, y culpable de su ejecución extrajudicial”.
Las acciones de Monseñor Romero fueron admiradas por numerosos actores alrededor del mundo. En 2015, el papa Francisco I lo beatificó, reconociendo su entrega y recordando que fue asesinado en odio por su fe. En 2017, el mismo papa firmó los papeles para su canonización, y en 2018, fue declarado santo: San Romero de América. Por su parte, en El Salvador, Monseñor Romero se convirtió en un símbolo de justicia y de compromiso social para el pueblo salvadoreño. Fue un hombre que dedicó su vida a la defensa de los Derechos Humanos en su país y que llevó un mensaje de paz y esperanza a quienes más lo necesitaban. Durante su última homilía, habría solicitado al gobierno y a los soldados acabar con la violencia: “»en nombre de Dios y de este pueblo sufrido… les pido, les ruego, les ordeno en nombre de Dios, CESE LA REPRESIÓN».
Así, el 24 de marzo de cada año fue establecido como el Día Internacional del Derecho a la Verdad en relación con Violaciones Graves de los Derechos Humanos y de la Dignidad de las Víctimas. El objetivo de conmemorar este día es reivindicar a las víctimas de violaciones, así como crear conciencia para que estas violaciones no vuelvan a ocurrir. Al mismo tiempo, busca recordar la labor desempeñada por Monseñor Oscar Arnulfo Romero, quien fue ejemplo en su dedicación y servicio por promover los Derechos Humanos de toda persona.
El derecho a la verdad es un derecho autónomo e inalienable, vinculado a la obligación y el deber del Estado de proteger y garantizar los Derechos Humanos. Durante este Día Internacional del Derecho a la Verdad en relación con Violaciones Graves de los Derechos Humanos y de la Dignidad de las Víctimas, sigamos el ejemplo de Monseñor Romero: promovamos el diálogo, rechacemos toda forma de violencia y sobre todo, exijamos que los Derechos Humanos de toda persona sean respetados y garantizados en todo momento y en todo lugar.
Fuente: Sala de Prensa Conciencia Nacional