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Cada cuatro años se celebran en diferentes ciudades del mundo uno de los eventos más importantes del mundo del deporte: los Juegos Olímpicos. Este acontecimiento de excepcional importancia reúne a cientos de atletas de diferentes nacionalidades, disciplinas, culturas y, sobre todo, de diferentes credos. Existen diferentes elementos y características que convierten a los Juegos Olímpicos  en un evento único y apasionante, no obstante, se pueden observar dos componentes fundamentales que no se repiten en otros eventos de esta envergadura: por un lado, los Juegos se distinguen por congregar a personas de diferentes confesiones en un solo lugar, y por otro lado, el propio hecho de que los propios Juegos Olímpicos poseen un origen y trasfondo religioso. Ante ello, debemos preguntarnos cómo la religión se ha desempeñado dentro de los Juegos desde su inicio hasta la actualidad. 

 

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En primer lugar, debemos recordar que los Juegos Olímpicos no son para nada nuevos, sino que poseen más de 2700 años de historia. En sí, existen dos grandes divisiones históricas de este evento deportivo: los Juegos Olímpicos de la Antigüedad (776 a.C – 393 d.C) y los Juegos Olímpicos Modernos (1896-actualidad). Desde los primeros JJ.OO, los cuales tuvieron lugar por primera vez en el 776 a.C en la polis griega de Atenas, ya encontraba un profundo propósito religioso: adorar a Zeus. Gran parte de las ediciones de la Antigüedad se llevaron a cabo con la principal finalidad de adorar a los dioses griegos. Recién a partir del siguiente milenio del nacimiento de los Juegos, los griegos comenzaron a reunirse cada cuatro años de manera periódica para celebrar este evento deportivo, siendo el dios griego Zeus el eje de toda la celebración.

 

Los atletas en los antiguos Juegos Olímpicos creían firmemente en que su entrenamiento honraba a los dioses, y la victoria era un signo de favor de una deidad. Asimismo, con el paso de los años, las diferentes categorías de las disciplinas fueron ampliándose a un mayor número, en donde, se agregaron a la lista olímpica competencias tales como la lucha libre, el boxeo y las carreras de caballos, lo que llevó a que se incrementarán aún mas los himnos, ritos y ceremonias a los dioses. Los Juegos Olímpicos giraban en torno a la idea central de que los atletas entrenaban y competían para complacer los deseos de Zeus y lograr, de este modo, prosperidad para ellos y para el resto de los miembros de la polis. A su vez, se debe mencionar que los Juegos no consistían única y exclusivamente en competencias deportivas, sino que parte del festival también comprendía numerosas visitas a templos, visitas a las estatuas de culto, realizar generosas ofrendas, celebrar y pasar tiempo con los seres más allegados. 

 

No obstante, los Juegos Olímpicos de la Antigüedad vieron su ocaso en el momento en que el emperador romano Teodosio I decidió prohibirlos en el 393 d.C. No fue hasta varios siglos posteriores, específicamente, en 1896 cuando los Juegos serían restablecidos. En esta ocasión, la restitución de tan importante evento estuvo a cargo del historiador francés Pierre de Coubertin, en donde, a partir de dicha época, los Juegos Olímpicos pasaron a ser conocidos como los Juegos Olímpicos de la Modernidad y los cuales se extienden hasta nuestros días. 

 

Si bien es cierto que la edición moderna de los Juegos no posee una finalidad de adoración y veneración a las deidades, como sí lo poseían los antiguos, aún conservan un alto grado de religiosidad y componentes sacros heredados de su primera edición. Hoy en día, el Comité Olímpico Internacional (COI) exige a los países anfitriones concentrar la mayor cantidad de esfuerzos para reducir actitudes de intolerancia, como lo puede ser el racismo, la xenofobia y la propia intolerancia religiosa. Asimismo, se trabaja fuertemente para garantizar el respeto por la libertad religiosa en los protagonistas de este evento: los atletas. Por ejemplo, en la edición de Río 2016, se garantizaron numerosos espacios de oración para los deportistas, como así también la presencia de líderes religiosos de diferentes credos para que todos los participantes puedan acceder a un espacio de espiritualidad, sin importar en qué parte del mundo se encuentre.  

 

Por otra parte, en base a numerosas declaraciones y discursos otorgados por los atletas olímpicos, se puede evidenciar que la religión, al igual que el entrenamiento físico, ocupa un rol central en la competición de los Juegos. Un ejemplo claro de esta situación es el caso de la velocista estadounidense Sydney McLaughlin, una devota atleta cristiana, quien rompió su propio récord en la final olímpica de 400 metros con vallas en Tokio y alabó a Dios cuando se llevó a casa su primera medalla de oro olímpica. Otro caso similar fue el de la deportista ecuatoriana, Neisi Dajomes, quien al ganar el oro en Tokio pronunció las siguientes palabras: “agradezco a mi país por esas buenas vibras que me enviaron. Esta medalla es gracias a Dios”. 

Todo ello, demuestra que a pesar de que pasaron miles de años desde la primera edición de los Juegos Olímpicos y muchos elementos se transforman o se eliminaron, el factor religioso sigue más vivo que nunca tanto en el sentido de los propios Juegos, como así también en el corazón de todos los deportistas que participan en uno de los acontecimientos deportivos más importantes del mundo. 

 

El anterior texto fue elaborado con información extraída de ENS, The Christian Post y MasFe.org[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][module_title title=»Los Juegos Olímpicos y la Libertad Religiosa»][/vc_column][/vc_row]