Es momento de reflexionar ante los atentados terroristas acontecidos en Barcelona. Las redes sociales están llenas de rabia e incomprensión ante muchas realidades sociales que quedan al descubierto, y ante estas realidades dos hashtag presentes y en ocasiones unidos: #terrorismo y #cristianofobia. La sociedad perpleja asiste a una utilización de sus impuestos para promover culturas islámicas subvencionadas, y acostumbrarse a la situación de acoso y derribo de las clases de religión católica.

Hemos creado una sociedad que muestra un analfabetismo en el aspecto religioso y que no entiende la importancia de la formación en cultura religiosa y de identidades, para saber y poder dialogar correctamente con otras culturas.

¿Cómo enfrentarse a una situación que requiere cada vez más una educación y compresión profunda de los temas religiosos y culturales para posibilitar la evolución de nuestra sociedad?. ¿Hemos menospreciado la educación religiosa ante la situación que se nos avecina?.

Estamos ante la confusión generada en un país laico y con libertad religiosa, pero que actúa como un país anti-católico y expuesto a equiparar religiones que tanto la realidad cómo la historia muestran con grandes diferencias. Señores y señoras… no todas la religiones son iguales.

Sin embargo en España si se garantiza a los alumnos musulmanes el derecho a recibir enseñanza religiosa islámica en los centros docentes públicos (como consta en elBOE(https://www.boe.es/diario_boe/txt.php?id=BOE-A-2016-2714) Y para esto no hay problemas… y eso que somos totalmente desconocedores de cómo afectará el contenido de esa ‘nueva asignatura’ a nuestra sociedad, pero si hemos visto como ha afectado en otras sociedades…

Nuestro país necesita con urgencia salir de este analfabetismo religioso y tener una juventud formada «realmente» ante un mundo en el que el «hecho religioso» representa una base antropológica esencial en la constitución de los principios y valores que se desarrollan.

No podemos negar que tanto los derechos humanos, como los principios y valores que forman la sociedad, se basan en gran parte en conceptos y visiones que la religión ha aportado a lo largo de la historia.

Pero ahora, a la demografía en proceso de cambio hacia una mayoría de ciudadanos procedentes de otras culturas, (por ejemplo en Bélgica y Holanda el 50% de los recién nacidos son musulmanes y Europa podrá ser musulmana simplemente por crecimiento demográfico) se une la gran falta de educación para el diálogo entre distintas identidades. Y esto es básicamente porque en España continuamos negando nuestra identidad para no «herir sensibilidades», perder votos y favorecer políticas obsesionadas y radicalizadas contra todo lo que sea católico. Un país que parece avergonzarse de todo lo que tenga que ver con la Iglesia, aunque justamente sea esta la que realice la mayor acción social en todos los ámbitos en la situación de crisis que seguimos viviendo.

Tenemos ahora el ejemplo del nuevo partido político ‘Actúa’ creado por ex-juez Garzón, junto con Gaspar Llamazares y otras personalidades de la izquierda española, que propone prohibir la Religión como asignatura en los colegios públicos, no permitiendo que se curse ni siquiera como opción optativa. Esta es la ‘cultureta’ española, facilona y politizada, que se aposentó en este país, generando una visión que rechazaba y rechaza cualquier arte o cultura que denote relación con la Iglesia Católica.

Y esta es también nuestra verdadera situación social, que nos hace vulnerables, incultos e incapaces ante los retos futuros. Ante el terrorismo y las confrontaciones culturales la gran falta de seguridad irá en aumento fundamentalmente producida por una falta de educación e interés en estar formando en los temas relacionados con la cultura y las religiones. No podemos esperar a tratar estos temas cuando la situación sea de mayoría religiosa musulmana. Tenemos que hablar de ellos hoy. Necesitamos que nuestros jóvenes tengan conocimiento y formación para poder dialogar en un terreno tan complejo cómo el que se está fraguando.

Es necesario reforzar, apoyar, y crecer en cultura y sensibilidad religiosa y dejar de atacar ya nuestra base cultural. No podremos dialogar con otras identidades si no conocemos nuestra ‘propia identidad’. Nuestro sistema educativo tiene que valorar la importancia del conocimiento cultural de las religiones y sus implicaciones sociales.

Tenemos que rechazar e impedir los continuos ataques directos e indirectos desde posiciones políticas que de forma visceral pretenden destruir la verdadera identidad católica europea y española. Estas mismas fuerzas políticas, sin escuchar a la mayoría de padres y realidades sociales nos están dejando a los pies de los caballos.

 

Fuente: Las Provincias