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En los últimos días, Austria ha vuelto a estar en la agenda de la opinión pública mundial. Lamentablemente nuevamente de manera negativa.

Se reveló que a través de un mapa digital público llamado «Islam-Landkarte (Mapa del Islam)», lanzado y retirado posteriormente por el Centro de documentación sobre el islam político establecido por la administración del canciller austriaco, Sebastian Kurz, las instituciones estatales etiquetaban y provocaban la estigmatización de las organizaciones de la sociedad civil musulmana austriaca.

Se realizó un trabajo «científico» con el entendimiento de la disciplina del período nazi, ya que se recopilaron los nombres de los representantes de más de 600 ONG, la cifra de miembros, sus nombres, cargos y más información crítica.

Tanto así que Heinz Werner Engl, el rector de la Universidad de Viena, tuvo que anunciar que prohibía el uso del logotipo de la universidad en este trabajo, liderado por sus académicos.

Con esta declaración, Engl advirtió a los dueños del estudio, así como al público austriaco, que la estigmatización y la ciencia nunca podrán ir de la mano.

Sin embargo, es realista aceptar que la acción del rector no impedirá que Kurz sea antimusulmán ni será suficiente para cambiar las actitudes cómplices de los profesores universitarios Ednan Aslan y Mouhanad Khorchide, y sus equipos, ya que el tema no es coyuntural, es estructural.

¿El objetivo era la transparencia o la hostilidad hacia los musulmanes?

La declaración de la ministra de Integración del país, Susanne Raaba, de que el objetivo del mapa era garantizar la transparencia es una flagrante mentira.

En primer lugar, se debe saber que el proceso de establecimiento de la institución que hizo este trabajo es suficiente para entender las mentiras de Raab.

El primer nombre de la institución, que se anunció en 2020 en el programa de la coalición del Partido Popular Austriaco (OVP) y los Verdes con un presupuesto de EUR 500.000, era «Lucha contra el antisemitismo, el radicalismo religioso y el racismo en el siglo XXI».

Luego el nombre fue cambiado a «Lucha contra el islam político».

En este contexto, ¿quién puede afirmar que son injustas las críticas contra Raab por perseguir, discriminar y mostrar a los musulmanes como un enemigo, y cultivar las semillas de la discordia en la sociedad austriaca?

Otro tema a tener en cuenta es si se han considerado o no ejemplos similares de este trabajo para las ONG establecidas por miembros de otras religiones, incluidos cristianos y judíos.

Si la intención del estudio hubiera sido solo garantizar la transparencia como dijo Raab, ¿no era necesario que se hubieran llevado a cabo trabajos similares sobre las ONG establecidas por miembros de las otras religiones? Pero, por supuesto, que no hay ni habrá tal cosa.

El objetivo no es la transparencia, es presionar a la comunidad musulmana del país para que se asimile y si esto no es posible, alejarla de la sociedad para hacer que acepte el «Islam austríaco» que se construirá.

En este sentido, cabe señalar que la hostilidad hacia los musulmanes, que se ha extendido rápidamente en Occidente desde el 11 de septiembre de 2001, llegó a otro nivel en Austria con el «Islam-Landkarte».

Con él, los musulmanes austriacos eran etiquetados y considerados por el Estado como «sospechosos», por decir poco.

Es decir, los argumentos que ha defendido el Partido de la Libertad de Austria (FPO), de extrema derecha, durante décadas se han convertido en política de Estado.

La situación de los musulmanes austríacos

Es necesario mencionar antes que nada que los musulmanes que viven en Austria, a pesar de todos sus méritos y deméritos, no tienen suficiente dinámica en la arena política, así como en muchas áreas de la vida social.

Aunque los musulmanes austriacos podrían parecen ser los principales culpables de esto, la realidad no es tan simple.

Nadie, ninguna comunidad, puede siquiera mostrarse en la sociedad de la manera apropiada, un derecho mínimo de la existencia como ser humano, en un ambiente donde no lo quieren, lo excluyen, lo marginan y lo tratan como un enemigo.

Desafortunadamente, desde hace 60 años la situación en Austria es así para los musulmanes.

Otro hecho que debe mencionarse es que, como es sabido, el islam tiene el estatus de religión oficial en Austria.

En el trasfondo de esta oportunidad que los musulmanes austríacos obtuvieron, a diferencia de aquellos que viven en otros países europeos, está la anexión de Bosnia-Herzegovina por el Imperio Austro-Húngaro en 1912.

Es decir, los musulmanes austriacos no tuvieron esa oportunidad como resultado de una lucha política.

El estatus que tienen es, en última instancia, producto de la «tolerancia». Lamentablemente, como sabemos por muchos ejemplos de la historia, la tolerancia no es vinculante.

De hecho, el Estado austriaco parece pensar que esta tolerancia llegó a su fin el 11 de septiembre de 2001.

Si los musulmanes austriacos en Austria hubieran obtenido el reconocimiento del islam como religión oficial como resultado de las relaciones de poder político, sería plausible pensar que hubieran podido dar una respuesta política eficaz a la estrategia dual (de asimilación o degeneración) que el Estado austriaco ha estado tratando de implementar durante algún tiempo contra ellos.

Entonces, ¿no hay nada que puedan hacer los musulmanes austríacos?

La responsabilidad más importante de los musulmanes austriacos es dejar de enfocar el discurso de la «cultura del entendimiento» en el Estado austriaco y moverlo al pueblo austriaco, las otras comunidades religiosas y las instituciones de derechos humanos.

En este contexto, es claro que las relaciones con los representantes de la sociedad civil, en lugar de aquellas oportunistas que generalmente se establecen con los partidos políticos durante el período electoral, beneficiarán más a los musulmanes de Austria a largo plazo.

 

Fuente: Anadolu Agency (AA)