A 100 años de la “Ley Calles”, obispos alertan que la libertad religiosa en México “aún no es plena” México 2026

A 100 años de la entrada en vigor de la llamada “Ley Calles”, que dio paso a la suspensión del culto público y a la Guerra Cristera en México, los obispos del país advirtieron que la libertad religiosa “aún no es plena” y señalaron que persisten restricciones que no corresponden a “una democracia madura”.

En un mensaje publicado este 31 de julio, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) recordó que ese mismo día de 1926 entró en vigor la ley reglamentaria en materia de culto, “que penalizaba la vida ordinaria de la Iglesia y sometía el ministerio de los sacerdotes al control del Estado”.

“Ante la imposibilidad de ejercer libremente el ministerio”, recordó la CEM, los obispos dispusieron suspender el culto público. Así, “al amanecer del 1.º de agosto de 1926 México despertó sin Misas públicas” en lo que consideraron “uno de los capítulos más dolorosos de nuestra historia”.

Al conmemorar el centenario, los prelados precisaron que publican este mensaje “no para reabrir heridas, sino para curarlas”.

“No conmemoramos una guerra ni celebramos una victoria; no exaltamos las armas ni idealizamos la violencia, de dondequiera que haya venido”, expresaron.

La libertad religiosa, un derecho “todavía inconcluso”

La CEM reconoció “con gratitud y con sentido histórico” los avances alcanzados con las reformas constitucionales de 1992, la Ley de asociaciones religiosas y culto público, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con la Santa Sede y la reforma del artículo 24 constitucional en 2013, que amplió la libertad religiosa en el país.

Sin embargo, señaló que persisten “límites al ejercicio ordinario del culto fuera de los templos”, así como “la imposibilidad de que las asociaciones religiosas accedan a concesiones de radio y televisión” y “restricciones a la libertad de los padres para elegir la educación religiosa de sus hijos ante la imposición de modelos educativos sin consenso”.

Los obispos cuestionaron además que parte de la clase política mantenga una actitud de desconfianza que dificulta “que los creyentes defiendan y vivan en el ámbito público sus convicciones”.

La libertad religiosa, subrayaron, “no es un privilegio del clero”, sino un derecho de toda persona, incluidos los creyentes de otras confesiones y quienes no profesan una religión.

Los errores de miembros de la Iglesia

Al mirar los acontecimientos de hace un siglo, los obispos reconocieron que la Iglesia no puede hacer memoria “desde la comodidad de la propia inocencia”.

La CEM admitió que, junto al heroísmo de numerosos católicos, también hubo entre algunos de ellos “dureza de corazón, cálculos políticos, palabras que encendieron los ánimos y decisiones tomadas sin la lucidez que hoy pedimos a los demás”.

“La Iglesia misma, en algunos momentos de la historia, no siempre ha sabido servir a la verdad con los medios apacibles del Evangelio”, añadió el episcopado, subrayando que “pedir perdón por lo propio no debilita la denuncia de lo ajeno: la hace más creíble”.

Al mismo tiempo, recalcó que “la persecución contra la Iglesia fue real” y estuvo marcada por “templos cerrados y profanados, sacerdotes fusilados sin proceso, religiosas expulsadas, laicos ahorcados en los postes de los caminos, miles de asesinados, deportaciones, delaciones y niños convertidos en víctimas”.

“Nombrar estas injusticias no es agraviar a nadie: es cumplir el deber de la verdad, sin la cual no hay reconciliación posible”, sostuvieron los obispos.

Un “gobierno paralelo” del crimen organizado y la violencia

Más adelante en su mensaje, los obispos advirtieron que las amenazas contra la libertad religiosa no pertenecen únicamente al pasado.

“Más grave aún es cuando el Estado permite que el crimen organizado se convierta en un gobierno paralelo que controla territorios, donde se anulan todos los derechos humanos: secuestra, extorsiona, asesina, deforma la conciencia de los jóvenes”, señalaron.

Para los obispos, “ese clima de violencia generalizada afecta a toda la sociedad y también impide que algunas comunidades vivan libremente su fe”.

La CEM recordó los asesinatos de los sacerdotes jesuitas Javier Campos Morales y Joaquín César Mora Salazar en Cerocahui, en la Sierra Tarahumara de Chihuahua, y del P. Marcelo Pérez, en San Cristóbal de Las Casas, y aseguró que estos casos muestran que “la lista de los testigos no se cerró en 1929”.

Los prelados también denunciaron que “nuestra Patria vive fracturada por la violencia, la desaparición de personas, la impunidad, la desigualdad que humilla y una polarización provocada por estrategias políticas que causa la división entre los mexicanos y que ha hecho del adversario un enemigo”.

Amenazas a la conciencia a través de las pantallas

El episcopado mexicano alertó además sobre nuevas formas de coacción de la conciencia “sin cerrar un solo templo”.

Entre ellas mencionó “la manipulación de la información, la reducción de la persona a un perfil de consumo, la captura de la atención por algoritmos que polarizan y las nuevas esclavitudes de la era digital”.

La CEM expresó su deseo de que este centenario impulse una Iglesia capaz de comprender el actual cambio de época, en el que “las amenazas a la conciencia ya no llegan con soldados sino con pantallas”.

“Custodiar hoy la libertad religiosa es también custodiar el derecho de cada persona a buscar a Dios sin ser reducida a un dato”, aseguró.

“Un tiempo de gracia”

Hacia el final de su mensaje, los obispos resaltaron que la conmemoración por el centenario del conflicto religioso “no se está organizando desde un escritorio. Ya está ocurriendo, y está ocurriendo en manos del pueblo”.

“Son los laicos —familias, jóvenes, maestros, profesionistas, catequistas, hombres y mujeres de nuestras parroquias— quienes están tomando en sus manos esta memoria, igual que hace cien años tomaron en sus manos la fe cuando las campanas de los templos callaron. Y así debe ser: la mayoría de nuestros mártires fueron laicos”.

Los obispos reiteraron su compromiso de que “este tiempo nos encuentre siendo una Iglesia que escucha antes de hablar y que camina unida, sin que nadie sobre ni nadie quede fuera”, y que sea una Iglesia “que despierte en cada bautizado, y de manera muy especial en los laicos, la conciencia de que su fe se vive en la familia, en el trabajo y en la vida pública”.

“No les proponemos una agenda de actividades: les proponemos un tiempo de gracia”, aseguraron.

“Que este tiempo nos encuentre reconciliados: capaces de nombrar la verdad sin odio, de perdonar sin olvidar y de construir juntos una nación donde ninguna conciencia sea coaccionada y ninguna vida sea descartable”, expresaron los obispos.

Fuente: aciprensa