El Estado laico es uno de los pilares fundamentales de las democracias contemporáneas, especialmente en sociedades diversas como la mexicana. En el ámbito educativo, este principio adquiere una relevancia particular, pues no solo define el carácter de la enseñanza pública, sino también las condiciones en las que se garantiza la libertad de conciencia de niñas, niños y jóvenes.
En México, la laicidad tiene raíces históricas en el siglo XIX, con las Leyes de Reforma, y se consolida en la Constitución de 1917. El artículo 3°, específicamente, establece que la educación impartida por el Estado debe ser laica, es decir, mantenerse al margen de cualquier doctrina religiosa y basarse en el conocimiento científico. Esta disposición no implica un rechazo a la religión, sino la neutralidad institucional frente a la diversidad de creencias. Desde el ámbito académico, la educación laica se define como aquella que promueve el aprendizaje sin imponer convicciones religiosas, favoreciendo la libertad de pensamiento y el respeto a distintas cosmovisiones.

Esta neutralidad es clave para garantizar la libertad religiosa dentro del sistema educativo. Un Estado laico no busca excluir las creencias del espacio social, sino evitar que una sola visión se imponga sobre otras. En este sentido, la escuela se convierte en un espacio de encuentro donde conviven distintas identidades, creencias y perspectivas. Sin embargo, esta convivencia no está exenta de tensiones.
Diversas investigaciones han documentado que la escuela también puede ser un espacio donde surgen tensiones relacionadas con la diversidad religiosa, no como resultado de una sola causa, sino de la interacción entre distintas creencias, normas institucionales y contextos culturales. Por ejemplo, el estudio “Violencias, religión y escuelas en México” muestra que las creencias religiosas pueden incidir en dinámicas de convivencia escolar, mientras que investigaciones como “Diversidad religiosa y escuela pública” evidencian los retos cotidianos de interacción entre estudiantes de distintas convicciones. En este contexto, algunos trabajos sobre laicidad educativa han documentado los dilemas que enfrentan estudiantes de minorías religiosas. Un caso concreto es la investigación “Educación pública y libertad religiosa: el caso de los Testigos de Jehová” de Cecilia Montiel Ayometzi, que analiza las tensiones que pueden surgir entre las prácticas escolares obligatorias y las convicciones religiosas del alumnado, evidenciando cómo esta interacción puede derivar en experiencias de incomprensión o exclusión.
Función social y desafíos actuales
Más allá de su dimensión jurídica, la educación laica cumple una función social esencial: formar ciudadanos capaces de convivir en contextos plurales. En este sentido, diversos estudios coinciden en que la laicidad no es sinónimo de antirreligiosidad, sino una condición necesaria para la convivencia democrática. Por ejemplo, el sociólogo Roberto Blancarte sostiene que la laicidad permite la coexistencia en igualdad de condiciones entre distintas creencias, evitando la imposición de una visión única del mundo.
De manera similar, la UNESCO ha subrayado que los sistemas educativos deben promover la neutralidad y el respeto a la diversidad religiosa como base para la ciudadanía democrática. En la misma línea, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha señalado que la neutralidad del Estado en materia religiosa es indispensable para garantizar derechos fundamentales como la libertad de conciencia y la no discriminación.

No obstante, los desafíos siguen presentes. La ambigüedad en la aplicación del principio de laicidad dentro de algunas instituciones educativas, el crecimiento del pluralismo religioso y los debates en torno a la educación en valores o la participación de actores religiosos en el ámbito público muestran que este tema sigue siendo dinámico. A ello se suma la necesidad de fortalecer la formación docente para garantizar que la laicidad se entienda no como una restricción, sino como una garantía de libertad e igualdad.
En este contexto, el vínculo entre Estado laico y educación continúa siendo fundamental. Su correcta aplicación no solo protege la diversidad de creencias, sino que también sienta las bases para una convivencia respetuosa y democrática, donde cada persona pueda desarrollar su identidad sin imposiciones
Sala de prensa CNLR
Fuentes:
Roberto Blancarte Blancarte, R. (2000). Laicidad y valores en un Estado democrático. El Colegio de México. https://www.jstor.org/content/oa_book_edited/j.ctv6jmxv0
Blancarte, R. (2008). Libertad religiosa, Estado laico y no discriminación. Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación. https://www.conapred.gob.mx/wp-content/uploads/2022/04/LibertadReligiosa_2008_Ax.pdf
Montiel Ayometzi, C. (2008). Educación pública y libertad religiosa: el caso de los Testigos de Jehová (Tesis de licenciatura). Universidad Nacional Autónoma de México. https://ru.dgb.unam.mx/items/3539c10d-317a-4713-b646-f7ac0d22b58a
Violencias, religión y escuelas en México: situaciones que inciden en la cultura de paz escolar, con relación al derecho y a la libertad de pensamiento religioso. (2023). Interconectando Saberes. https://is.uv.mx/index.php/IS/article/view/2848







