Alianzas interreligiosas y desarrollo sostenible Chile 2026

La articulación entre fe, desarrollo sostenible y acción política fue el eje central de la participación del padre Francisco Hernández, director del Centro de Programas y Redes de Acción Pastoral del Celam, durante el Foro Interreligioso de Organizaciones Basadas en la fe. Evento que se realiza en el marco de la novena reunión del Foro de países de América Latina y el Caribe sobre desarrollo sostenible, previsto del 13 al 16 de abril en Chile.

Intervención en la que analizó el papel de la Alianza Interreligiosa en la implementación del Objetivo de Desarrollo Sostenible 17 (ODS 17), frente a lo que propuso el concepto del “Florecimiento Sagrado Compartido” como una vía innovadora para fortalecer la cooperación global.

El ODS 17, recordó Hernández, busca “revitalizar la alianza mundial para el desarrollo sostenible”, de ahí la importancia de la articulación entre gobiernos, sector privado y sociedad civil. Una situación frente a la que sostiene, las organizaciones basadas en la fe (OBF) pueden aportar una dimensión, ausente en las políticas públicas: la espiritualidad.

Florecimiento Sagrado Compartido

Según Hernández, el contexto global actual exige una respuesta más integral. El mundo atraviesa una crisis caracterizada por “el aumento de las desigualdades”, el “desencanto con el funcionamiento de la democracia” y “la tentación de resolver los conflictos por la fuerza en lugar del diálogo”. Frente a este panorama, las alianzas interreligiosas emergen como espacios capaces de generar una “visión transformadora”, que aborde no solo los aspectos materiales del desarrollo, sino también sus raíces culturales y espirituales.

Así, considera que uno de los mayores aportes que pueden hacer las organizaciones basadas en la fe, es la noción del “Florecimiento Sagrado Compartido”, entendida como un enfoque que pone en el centro las relaciones humanas y el sentido trascendente de la vida. Desde esta perspectiva, el sacerdote explicó que el desarrollo “no puede reducirse a indicadores económicos, sino que debe incluir la capacidad de las personas para construir vínculos, vivir la fraternidad y asumir la corresponsabilidad por el bien común”.

“Hoy desde el Florecimiento Sagrado Compartido, asumimos la perspectiva de las relaciones e insistimos en la necesidad de generar y cuidar los vínculos”, subrayando que “el tejido social es un elemento clave para enfrentar los desafíos globales”.

Cultivar la confianza

Igualmente, destacó el valor del diálogo interreligioso, como herramienta para la construcción de paz. En un mundo marcado por el individualismo y la fragmentación, Hernández afirmó que es necesario redescubrir las “semillas de una fraternidad universal”, presentes en todas las culturas y tradiciones. Estas se expresan en la capacidad de “cultivar la confianza mutua y el perdón” para “superar el miedo a la diversidad”.

De esta forma, propuso una visión ética compartida entre religiones, basada en valores como el amor, la solidaridad, la justicia y el bien común. Esta base permitirá a las Organizaciones basadas en la Fe, colaborar con otros actores en la construcción de políticas más inclusivas y sostenibles para superar la lógica del “tener” y centrarse en el “ser”.

Fue así como criticó el modelo económico dominante, que en su opinión “beneficia a las grandes corporaciones y países del norte global; mientras impone costos desproporcionados al sur global”. Además de denunciar que este modelo “refuerza el extractivismo colonial” y “devasta la naturaleza en nombre de una falsa sostenibilidad”.

En este sentido planteó la urgencia de transitar hacia un modelo “regenerativo y distributivo”, que reconozca los límites ecológicos del planeta y coloque “el cuidado de la vida en el centro”. Una propuesta alineada con una visión de justicia socioambiental que integra la protección de la naturaleza con la defensa de los derechos humanos, especialmente en las comunidades más vulnerables.

Comunidades resilientes

Refiriéndose a problemáticas como la migración climática, la seguridad alimentaria y la protección de los territorios indígenas; subrayó que es “imperativo proteger a las comunidades vulnerables afectadas por conflictos socio ecológicos, asegurando su voz y derechos”.

Realidades urgentes frente a las que llamó a fortalecer la gobernanza climática con participación de la sociedad civil y las organizaciones religiosas; sin olvidar que los Estados deben implementar mecanismos para garantizar decisiones inclusivas y orientadas al bien común.

En el ámbito local, Hernández resaltó la importancia de promover la agricultura familiar, gestionar de manera sostenible los recursos naturales y reforzar la resiliencia de las comunidades frente al cambio climático. Estas acciones, señala, “son fundamentales para garantizar la seguridad alimentaria y reducir las desigualdades”.

Elemento transversal que el sacerdote asocia con la defensa de la “casa común”, concepto que integra la dimensión ecológica y la ética del cuidado. Desde esta perspectiva, la naturaleza no es un recurso explotable, sino una realidad con valor intrínseco, en la que cada criatura “posee su bondad y perfección propia”.

Fuente: ADN Celam