El mes de enero invita, de manera natural, a la reflexión colectiva. Coincide, además, con la conmemoración del Día de las Religiones, celebrado el tercer domingo del año, una fecha que ofrece un marco especialmente propicio para reconocer la diversidad de creencias presentes en nuestras sociedades y renovar compromisos que fortalezcan la convivencia pacífica y la dignidad humana. Fue en 1950 cuando la Asamblea Nacional Espiritual de la Religión Bahá’í impulsó la propuesta de conmemorar esta fecha, con el objetivo de subrayar la presencia de principios espirituales compartidos entre las diversas tradiciones religiosas a nivel mundial.

En este contexto, el respeto a la libertad religiosa ocupa un lugar central como uno de los pilares fundamentales de las sociedades democráticas, pluralistas y verdaderamente incluyentes. Este derecho humano no se limita al ámbito íntimo de la conciencia; es un derecho humano fundamental que protege la posibilidad de creer, no creer, cambiar de creencias y manifestarlas de forma individual o colectiva, en el espacio público y privado, sin temor a discriminación o represalias. Allí donde este derecho se garantiza, se abren caminos para el diálogo, la cooperación social y la paz.
Diversos líderes religiosos, desde tradiciones y contextos distintos, han subrayado la necesidad de que el respeto mutuo sea el punto de partida para la convivencia. El Papa Francisco ha insistido en que “la paz también exige que se reconozca universalmente la libertad religiosa”. En su mensaje constante, la dignidad de la persona humana se coloca por encima de cualquier diferencia cultural o doctrinal.

Desde la tradición judía, Jonathan Sacks, ex Gran Rabino del Reino Unido, ofreció una reflexión particularmente relevante para sociedades diversas. En su obra The Dignity of Difference, afirmó: “La dignidad de la diferencia no consiste en que todos pensemos igual, sino en aprender a respetar a quienes piensan, creen y viven de manera distinta.” Esta idea recuerda que el pluralismo religioso no exige uniformidad, sino una ética del respeto que permita convivir sin renunciar a las propias convicciones.

Por su parte, el Ahmed el-Tayeb, Gran Imán de Al-Azhar y una de las máximas autoridades del islam suní, ha expresado que “la fe no puede imponerse por la fuerza; el respeto a la libertad de conciencia es la base de la paz entre las personas y entre las naciones”, un recordatorio poderoso de que la autenticidad de la fe solo puede surgir desde la libertad.

En el marco del Día de las Religiones y al inicio de un nuevo año, el llamado es claro: fortalecer una cultura de respeto a la libertad religiosa como condición indispensable para la cohesión social. Esto implica no solo contar con marcos jurídicos adecuados, sino también fomentar actitudes cotidianas de tolerancia, diálogo y reconocimiento del otro. La paz no se construye desde la imposición ni desde la uniformidad, sino desde el respeto genuino a la diversidad.
Que esta conmemoración sea una oportunidad para reafirmar el compromiso colectivo con la libertad religiosa. Escuchar las voces de distintas tradiciones nos recuerda que, más allá de las diferencias, existe un terreno común desde el cual es posible construir sociedades más justas, solidarias y verdaderamente humanas.
Sala de Prensa CNLR







