Su vida ha cambiado mucho en los últimos años, dice Musa Ntakarutimana, un agricultor de subsistencia de Misugi, una comunidad de la provincia burundesa de Cankuzo. Este padre de cuatro hijos solía cultivar una pequeña parcela, cuya cosecha no bastaba para proporcionar a la familia alimentos, ropa, atención sanitaria y otros artículos de primera necesidad. En julio de 2020, la Federación Luterana Mundial (FLM) en Burundi estableció un proyecto para apoyar a su comunidad. Incluía semillas, formación y ganado, cuyo estiércol Musa utilizaba como fertilizante.
La nueva forma de cultivar triplicó el rendimiento de las cosechas anteriores, dice Ntakarutimana, que hoy dirige su comunidad como presidente de la cooperativa Haguruka Dukore («Volemos»): «Realmente puedo ver el impacto positivo gracias a la formación que recibí y al estiércol orgánico de las cabras. Mis hijos comen de todo y gozan de buena salud», afirma orgulloso Ntakarutimana. «Antes era difícil alimentar a mi familia, pero ya no es un problema. También era difícil comprar ropa, pero ahora tengo dinero para comprarla. Puedo cuidar a mis hijos cuando enferman».
Salir de la pobreza
Burundi es uno de los países menos desarrollados del mundo, y Cankuzo, donde vive Ntakarutimana, es la provincia más pobre de Burundi. Hacen falta más infraestructuras, y los servicios socioeconómicos son deficientes. Los agricultores locales no pueden contar con mucha ayuda exterior. Además, comparten tierras y recursos con refugiados de la República Democrática del Congo, repatriados y desplazados internos.
La región ha sufrido graves inundaciones y sequías en los últimos años. Los precios de mercado han aumentado un 50%. Una encuesta realizada por la FLM al comienzo del proyecto mostró que sólo el cinco por ciento de la población de la zona del proyecto tiene suficiente para comer.
Es con estas comunidades con las que la FLM ha desarrollado el Proyecto de Desarrollo Comunitario Integrado. El objetivo principal es apoyar a los agricultores y a las comunidades para que sean independientes y puedan cultivar sus alimentos. 2.751 familias forman parte del proyecto, y muchas pueden ver cómo ha mejorado su vida.
Empoderar a las mujeres
«Antes de la cooperativa, no sabía nada de técnicas agrícolas modernas», dice Espérance Nekoze, de 26 años. Esta madre de cuatro hijos es una de las responsables de la cooperativa Turwizumwimbu N’ubukungu («Aumentemos la producción y tengamos excedentes») de Mishiha, una comunidad de la provincia de Cankuzo, al noreste de Burundi. Ayuda a supervisar las finanzas de la cooperativa y se asegura de que todas las cosechas se registren y almacenen en un lugar seguro. Organiza reuniones y actividades y paga a los trabajadores contratados. A pesar de su corta edad, ocupa una posición de liderazgo y toma decisiones que afectan a casi 400 miembros de la cooperativa.
Trabajar en la cooperativa y cultivar con éxito le dieron la confianza necesaria para asumir este puesto de liderazgo. «He aprendido a dirigir una pequeña empresa y a cultivar maíz con técnicas modernas», afirma. Además, la cooperativa ha mejorado la situación de las mujeres de la comunidad. «Antes, las mujeres no salíamos de casa, pero ahora formamos parte de un grupo. Me estiman más en la sociedad porque formo parte del comité. Antes estaba aislada, pero ahora formo parte de la comunidad y puedo influir. Nuestra familia es más fuerte porque tenemos comida suficiente y podemos permitirnos la atención sanitaria».
Planes de expansión
Tres años después del inicio del proyecto, las cooperativas de agricultores están pensando en formas de ampliar su producción y su acceso al mercado. Ntakarutimana y Nekoze planean comprar más ganado y maquinaria agrícola para el grupo. El mayor problema es el almacenamiento: los viejos locales son demasiado pequeños para el aumento de las cosechas.
La FLM y los agricultores de la provincia de Cankuzo están discutiendo los próximos pasos para resolver estos problemas. Desde el inicio de la cooperación, la energía del grupo ha cambiado: ahora está lleno de esperanza en un futuro mejor. «Estoy encantado con el proyecto y con que hayamos podido llevarlo a cabo con el apoyo de la FLM», concluye Ntakarutimana.
El Proyecto de Desarrollo Comunitario Integrado cuenta con el apoyo del Servicio Luterano Mundial Australiano (ALWS).
La labor de la FLM en Burundi cuenta también con el apoyo del Banco Canadiense de Cereales Alimenticios, el Comité Nacional Alemán, la Iglesia Evangélica Luterana de América y la Iglesia Evangélica de Wurttemberg.
Fuente: LWF