El budismo, una de las religiones más antiguas del mundo, floreció antaño en lo que hoy es Pakistán, sobre todo en la región de Gandhara. Con su rico patrimonio de arte y cultura budistas, Pakistán debería ser un paraíso para los budistas y un lugar de peregrinación. Sin embargo, la realidad es todo lo contrario. Los elementos radicales de Pakistán patrocinados por el Estado, la casi nula población budista y las actividades gubernamentales engañosas están contribuyendo a la destrucción del budismo en el país.
Elementos radicales patrocinados por el Estado
Uno de los factores más importantes que contribuyen a la destrucción del budismo en Pakistán es la presencia e influencia de elementos radicales patrocinados por el Estado. Estos grupos extremistas, a menudo respaldados por elementos del gobierno, han atacado activamente a las minorías religiosas, incluidos los budistas. El resultado ha sido el éxodo de muchos budistas de la región debido a la violencia y la persecución. El auge del radicalismo en Pakistán también ha provocado la destrucción de lugares y objetos del patrimonio budista. La infame voladura por los talibanes de los antiguos budas de Bamiyán, en el vecino Afganistán, conmocionó al mundo budista. Mientras que la destrucción de los Budas de Bamiyán acaparó la atención internacional, en Pakistán se han producido actos vandálicos similares con escasa repercusión mundial.
Cero por ciento de población budista
A pesar de la importancia histórica del budismo en la región, Pakistán tiene hoy una población budista insignificante, cercana al cero por ciento. Este dramático declive no se debe a cambios demográficos naturales, sino que es consecuencia de la persecución, la discriminación y la violencia contra los budistas. La menguante comunidad budista de Pakistán refleja la trágica realidad de cómo el extremismo religioso ha logrado erradicar un grupo religioso y cultural antaño floreciente. Muchos budistas que permanecen en Pakistán temen por su seguridad y se han visto obligados a ocultar su identidad religiosa.
Acciones engañosas del gobierno
Las acciones del gobierno pakistaní en relación con el budismo suelen ofrecer una imagen engañosa a la comunidad internacional. Organizan actos como giras de monjes budistas, Varsa Vassa y el Simposio de Gandhara para mostrar su compromiso con la conservación de los lugares del patrimonio budista. Sin embargo, estas actividades no suelen ser más que gestos simbólicos destinados a distraer la atención de la dura realidad sobre el terreno.
-Viajes de monjes budistas: El gobierno organiza ocasionalmente giras para monjes budistas, mostrando los lugares históricos de Gandhara. Aunque estas giras pueden proporcionar visibilidad a corto plazo, hacen poco para abordar los problemas sistémicos a los que se enfrenta la comunidad budista.
-Varsa Vassa: Varsa Vassa, una práctica budista tradicional, se celebra en Pakistán con mucha fanfarria, pero esta celebración carece de autenticidad, ya que la lleva a cabo una población budista casi inexistente. Es más un espectáculo cultural que una auténtica práctica religiosa.
-Simposio Gandhara: El Simposio Gandhara, un acontecimiento internacional, se organiza para debatir y promover la conservación del patrimonio budista de Gandhara. Sin embargo, estos debates parecen a menudo superficiales cuando se contrastan con la cruda realidad de la persecución budista en Pakistán.
Conclusión
Los esfuerzos del gobierno por proyectar una imagen de tolerancia y respeto por el budismo suenan vacíos cuando las mismas personas a las que dice proteger siguen sufriendo discriminación y violencia.
La destrucción del budismo en Pakistán es una tragedia de inmensas proporciones. Esta región fue una vez un próspero centro de civilización budista, con numerosos monasterios, estupas y artefactos que eran testimonio de su rica historia. Hoy, estos vestigios están amenazados, y la comunidad budista ha sido marginada y perseguida.
La influencia de elementos radicales patrocinados por el Estado, unida a una población budista casi nula, dibuja un panorama sombrío para el futuro del budismo en Pakistán. Las acciones engañosas del gobierno, como la organización de giras y simposios, no pueden ocultar la dura realidad sobre el terreno.
La actual crisis financiera de Pakistán tiene consecuencias nefastas para la conservación de su rico patrimonio budista. Con los limitados recursos disponibles para la conservación cultural, los lugares, monasterios y artefactos budistas históricos se enfrentan al abandono y a la falta de mantenimiento. La presión financiera también hace que las medidas de seguridad sean insuficientes, lo que aumenta el riesgo de robo y vandalismo. Una seguridad inadecuada puede dar lugar a la excavación ilegal y el saqueo de valiosos artefactos, que pueden acabar en el mercado negro internacional.
La crisis financiera puede fomentar inadvertidamente el comercio ilícito de artefactos budistas, ya que personas desesperadas por obtener ingresos pueden recurrir al saqueo y la venta de objetos robados. Además, el descenso del turismo debido a la reducción de las infraestructuras y las actividades de promoción repercute aún más en la economía local y disminuye el incentivo para proteger y conservar estos tesoros históricos.
Es crucial que la comunidad internacional exija responsabilidades a Pakistán por el trato que dispensa a las minorías religiosas, incluidos los budistas. Es necesario realizar verdaderos esfuerzos para proteger y preservar el patrimonio budista y garantizar la seguridad y el bienestar de la comunidad budista restante. Sólo mediante un verdadero compromiso con la tolerancia religiosa y la preservación cultural puede Pakistán esperar invertir la trágica tendencia de destrucción del budismo dentro de sus fronteras.
Fuente: BITTER WINTER