- La Asociación Alcores necesita que sean acogidos más de 40 menores que están en situación de desprotección
- Hace 15 años que el trabajo, la sensibilidad y la humanidad, son sus claves
El último martes de cada mes no es un día cualquiera en la Asociación Alcores. Ni tampoco para las familias que se acercan hasta su Café Coloquio en busca de un nuevo rumbo enfrascado en la felicidad. En cambiar la perspectiva del mundo. En dotar de sonrisas al que menos espera. En regalar el cariño familiar al corazón de un niño.
El Programa de Acogimiento Familiar de Menores continúa su andadura desde 2002. Han pasado quince años en la búsqueda de la solidaridad de las familias. Quince años en los que las ganas, la visión y las ideas permanecen intactas. El programa, subvencionado por la Consejería de Igualdad y Políticas Sociales de la Junta de Andalucía, busca familias que acojan temporalmente a menores que se encuentran en una situación de desprotección. «Hay que dar una respuesta a aquellos menores que no pueden estar en esos momentos con sus padres o con su familia biológica», explica la trabajadora social Nazaret Gómez Abreu. Y es que desde la Asociación Alcores han construido un perfecto puente que forman las familias que dan cabida a esos menores hasta que se resuelva su situación familiar «y vuelven con su familia biológica si está capacitada y apta» o llega la respuesta de la adopción. Es decir, un intervalo de tiempo en el que se mueven las familias de urgencia, quienes van a estar como máximo seis meses con el menor; las familias temporales, que pueden estar hasta dos años; o los núcleos familiares permanentes, para los que no existe un tiempo definido.
NO SABES EXPLICAR LOS SENTIMIENTOS CUANDO TE DAN EL PRIMER BEBÉ DE ACOGIDA EN ALCORES»
La conciencia de la ciudadanía ha variado en gran medida con respecto a estos quince años de funcionamiento de la asociación. «Al principio la idea del acogimiento era muy lejana, muy oscura, se sabía muy poco», hecho que ha variado y en la actualidad «la población ya es más consciente de qué es el acogimiento familiar y deciden participar, por lo que tenemos más demanda». La apertura de mentalidad en la población ha supuesto un paso de gigante para la Asociación Alcores, ya que ahora ofrecen charlas informativas en colegios, centros de salud, asociaciones y en otros muchos ámbitos, pero «siempre dejando claro que el acogimiento no es adopción», señala Gómez.
Los números asustan. 500 menores han estado con familias de acogida durante estos 15 años, los cuales han podido volver al núcleo familiar o han sido adoptados. Nazaret Gómez recalca que no es lo mismo una familia de acogida que de adopción, puesto que «son ideas diferentes y motivaciones distintas. Cuanto tú acoges, sabes que ese no es tu hijo y que no va a tener ninguna vinculación legal contigo, tan sólo le vas a cuidar el tiempo necesario. Sin embargo, en la adopción tú vas con la mentalidad que quieres una vinculación afectiva y legal con ese niño para toda la vida».
Muchos de esos menores que llegan a la Asociación Alcores son bebés que «desde el primer momento que nacen sus madres renuncian a ellos o bien son retirados porque nacen con síndrome de abstinencia», señala Gómez. Ahora mismo, existen 40 menores que precisan de familias de acogida a la vez que «necesitamos núcleos familiares que sean capaces de acoger a grupos de hermanos». Una proceso en el que la asociación trabaja de forma incansable para concienciar a la población de cómo funciona el acogimiento.
De primer mano y con la piel de gallina permanente, una madre de acogida cuenta su historia una vez que traspasó la puerta de la Asociación Alcores. «Separo mi vida de antes y la de ahora. Es maravilloso». Llega hasta una de la salas con un carrito y el bebé de acogida. El 4 de septiembre cumplió dos meses. La mirada y la sonrisa no cesó en ningún momento. «Esto es la guinda al pastel de mi familia. Yo vivo lo que te aportan ellos a ti. Algo que recomiendo a todo el mundo». La madre de acogida considera que el alma de cuidadora lo tiene desde siempre. Con dos hijas, una de 25 años y otra de 16, señala que el «gusanillo de la adopción lo tenía siempre», aunque conoce su papel a la perfección en el aspecto del acogimiento. «Siempre he querido hacer algo para ayudar a las personas, hasta que me enteré de la existencia de Alcores». Una vez que pidió cita para informarse y aclarar todas sus dudas, la madre de acogida recuerda que cuando bajaba las escaleras tras la reunión «decía que si me dan la idoneidad tengo que tirar para adelante porque es que lo necesito, es un sueño» que tenía ganas de cumplir.
No todo es un camino de rosas para ser una familia idónea para el acogimiento. El proceso de selección consiste en la documentación, tres jornadas de formación «donde te ponen los pies en el suelo y donde se trabaja el proceso de duelo, de despedida», explica Nazaret Gómez, y que «tendría que ser obligatorio que la ciudadanía diera estos cursos», recalca la madre de acogida. Además, una entrevista psicológica y un estudio del domicilio completan un proceso selectivo que indica si la familia es apta o no para lo que está por venir.
«Ella es la segunda bebé que tengo», cuenta la madre de acogida mientras mira al carrito con una complaciente sonrisa, y recuerda que cuando me dieron el primer bebé «no sabes explicar los sentimientos que son». Sí es cierto que «te da pena que tengan que pasar estas cosas», pero existe «felicidad porque sabes que las vas a tener y no le va a falta de nada y mucho cariño porque es que te vuelcas al 100%». Y por no hablar de que «la experiencia para mi casa es maravillosa. Tanto mi marido como mis hijas y yo estamos locos. Y mi familia. Mis suegros, ni con los nietos», cuenta la madre de acogida. Cuando termina el proceso del acogimiento «es muy duro, durísimo. Es lo único malo que tiene porque yo a esta niña la quiero igual que a mis dos hijas», exclama la madre de acogida.
Su disposición es inmejorable. Su forma de querer ayudar y disponibilidad hacen de ella y su familia un ejemplo de lo que es una familia de acogimiento. Esta segunda bebé llegó tras una llamada a su teléfono a las 10:15 para que estuviera a las 12:30 en el Juan Ramón Jiménez. «La recogí del alta, de su cuna», recuerda, y se fue a la farmacia antes de ir al hospital para comprar lo indispensable: biberón, chupete, leche, pañales y toallitas, «y compré tres conjuntitos. Después ya en Huelva nos fuimos de shopping con la niña», sonríe.
Las historias y los sentimientos se cuentan por miles. Lo importante es el conocimiento que adquieren las familias de acogida de su función, así como las conocen biológicas también saben el trato hacia los pequeños y el papel del acogimiento. Un proceso clave, necesario y humano.
Fuente: Huelva Información