Ante el aumento del odio en todo el mundo, tanto dentro como fuera de Internet, los líderes religiosos son aliados vitales en la búsqueda de la paz mundial, declaró el miércoles ante el Consejo de Seguridad el Secretario General de la ONU, António Guterres.
El Consejo se reunió específicamente para debatir “los valores de la fraternidad humana en la promoción y el mantenimiento de la paz”, basándose en una declaración de 2019 de la que son coautores el Papa Francisco, jefe de la Iglesia católica, y el Gran Imán de Al-Azhar Al Sharif, Ahmed Al-Tayeb, Presidente del Consejo Musulmán de Ancianos, y considerado también la máxima autoridad del pensamiento islámico suní.
La declaración insta a los líderes religiosos y políticos a poner fin a las guerras, los conflictos y la destrucción del medio ambiente.
Oleada de odio
Aunque las amenazas a la paz adoptan muchas formas, el odio es “un denominador demasiado común en el inicio y la escalada de los conflictos”, declaró Guterres en la reunión de alto nivel, convocada por los Emiratos Árabes Unidos, que este mes ostentan la presidencia rotatoria del Consejo de Seguridad.
“En todo el mundo asistimos a una oleada de xenofobia, racismo e intolerancia, misoginia violenta, odio antimusulmán, antisemitismo virulento y ataques contra comunidades cristianas minoritarias”, afirmó.
“Los movimientos neonazis de supremacía blanca representan hoy la principal amenaza para la seguridad interior en varios países, y la que crece con mayor rapidez”.
Frenar el odio en línea
Mientras tanto, “las redes sociales han dotado a los incitadores al odio de un megáfono global para la bilis”, dando credibilidad a afirmaciones y mentiras no verificadas y facilitando la propagación de ideas y lenguaje de odio “desde los márgenes a la corriente dominante”.
Los efectos en el mundo real han sido mortales. Los autores de los atroces atentados contra una mezquita en Christchurch (Nueva Zelanda), una sinagoga en Pittsburgh (Estados Unidos) y una iglesia en la ciudad estadounidense de Charleston se radicalizaron en Internet.
Guterres pidió que se actuara para frenar el odio que se propaga en Internet. A principios de esta semana, presentó un informe político que propone un código de conducta para hacer que los espacios digitales sean más seguros e inclusivos, al tiempo que se respetan los derechos humanos, como el derecho a la libertad de opinión y expresión.
Respeto a la diversidad
Hizo hincapié en la necesidad de invertir más en cohesión social a medida que las sociedades se vuelven más multiétnicas y multirreligiosas.
“Tenemos que garantizar que cada comunidad se sienta respetada en su identidad única, al tiempo que se sienta valorada como parte integrante de la sociedad en su conjunto”, afirmó. “Tenemos que reconocer la diversidad como una riqueza de todas las sociedades, no como una amenaza”.
Dado que “el odio arraiga en el suelo de la ignorancia y el miedo”, los países deben garantizar una educación de calidad para todos y apoyar sistemas educativos que inculquen el respeto por la ciencia y celebren la humanidad en toda su diversidad.
Compasión y solidaridad
“Por último y fundamentalmente, debemos reforzar los valores de compasión, respeto y fraternidad humana anclados en las normas y estándares internacionales de derechos humanos, y garantizar espacios cívicos libres y seguros. Son nuestro mejor antídoto contra el veneno de la discordia y la división”, afirmó.
“Esto exige la acción de todos nosotros, de las organizaciones internacionales, los gobiernos, la sociedad civil y el sector privado. Y requiere la intervención de los líderes religiosos de todo el mundo”.
Guterres afirmó que, dado que en todas las sociedades y entre todas las confesiones hay ejemplos de intolerancia, los líderes religiosos tienen el deber de impedir la instrumentalización del odio entre sus seguidores.
Instó a la comunidad internacional a inspirarse en la declaración de 2019 y renovar el compromiso de permanecer unidos como una sola familia humana.
“Juntos, forjemos una alianza de paz, enraizada en los derechos humanos y en los valores de la fraternidad humana. Ricos en diversidad, iguales en dignidad y derechos, unidos en solidaridad”, afirmó.
Poner fin a las guerras actuales
El Gran Imán de Al-Azhar Al-Sharif se dirigió al Consejo por videoconferencia desde Egipto.
Hablando a través de un intérprete, dijo que es lógico que las relaciones entre personas de distintos orígenes “se construyan sobre los cimientos de la paz y la seguridad”.
Hizo un llamamiento a la comunidad internacional para que ponga fin a las guerras en Irak, Afganistán, Siria, Libia, Yemen y “en las fronteras orientales de Europa”, y “acelere sin demora el reconocimiento de un Estado palestino independiente, con Jerusalén como capital”.
También abordó la crisis de los refugiados y la degradación del medio ambiente, entre otros desafíos globales.
Preocupación por la humanidad
El Gran Imán subrayó la necesidad de seguir abogando por la paz y el amor. También llamó a oponerse a la incitación al odio, a la manipulación de la religión y las doctrinas para encender guerras entre naciones, y a infundir miedo y terror en los corazones de la gente.
Dijo que ésta era la misión que perseguía Al Azhar Al-Sharif, en colaboración con la Iglesia Católica, las Iglesias occidentales y orientales y otras instituciones religiosas, en un esfuerzo colectivo por reavivar la cultura del diálogo entre los seguidores de las religiones y consolidar los principios de paz y coexistencia armoniosa.
“Nuestra reunión de hoy no es un lujo, sino una necesidad, dictada por la preocupación por el futuro de la humanidad”, dijo. “Buscamos una solución a su compleja crisis, que ha comenzado a expandirse e infiltrarse, advirtiendo de graves consecuencias si se permite que persista en este desastroso camino”.
Hambre de fraternidad
El arzobispo de la Santa Sede, Paul Richard Gallagher, pronunció unas palabras en nombre del Papa Francisco. Lamentó que, aunque el mundo globalizado ha acercado a la humanidad, no nos ha hecho más fraternos.
“De hecho, sufrimos una carestía de fraternidad, que surge de las numerosas situaciones de injusticia, pobreza y desigualdad, y también de la falta de una cultura de la solidaridad”, señaló.
El peor efecto de esta carestía son los conflictos armados y las guerras, según el sacerdote inglés, que ejerce como Secretario del Vaticano para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales.
Di no a la guerra
“Como hombre de fe, creo que la paz es el sueño de Dios para la humanidad. Sin embargo, observo con tristeza que, a causa de la guerra, este maravilloso sueño se está convirtiendo en una pesadilla”, afirmó.
“Ha llegado el momento de decir un ‘no’ rotundo a la guerra, de afirmar que las guerras no son justas, sino que sólo la paz es justa: una paz estable y duradera, construida no sobre el precario equilibrio de la disuasión, sino sobre la fraternidad que nos une”.
Fuente: United Nations






