(R.D. del Congo) Discurso del Papa Francisco a los jóvenes y catequistas en Kinshasa

Discurso del Papa Francisco a los jóvenes y catequistas en Kinshasa R.D. del Congo 2023

En el tercer día de su visita apostólica a la República Democrática del Congo, el Papa Francisco mantuvo un encuentro con los jóvenes y catequistas este 2 de febrero en el Estadio de los Mártires de Kinshasa.

A continuación, el texto completo de las palabras del Papa Francisco:

Gracias por el cariño, por la danza y por sus palabras. Estoy feliz de haberlos mirado a los ojos, de haberlos saludado y bendecido mientras festejaban levantando sus manos al cielo.

Ahora quisiera pedirles, quisiera rogarles, por unos instantes, no me miren a mí, sino miren sus manos. Abran las palmas de las manos, mírenlas atentamente. Amigos, Dios ha puesto en sus manos el don de la vida, el futuro de la sociedad y de este gran país.

Hermano, hermana, ¿tus manos te parecen pequeñas y débiles, vacías e inadecuadas para tareas tan grandes? Es verdad. Quisiera llamar tu atención sobre un detalle: todas las manos son similares, todas parecidas, pero ninguna es igual a la otra; nadie tiene unas manos iguales a las tuyas, por eso eres un tesoro único, irrepetible e incomparable. ¿Sabes una cosa? Nadie ¡nadie! en la historia puede sustituirte. Pregúntate entonces, ¿para qué sirven mis manos?, ¿para construir o para destruir, para dar o para acaparar, para amar o para odiar?

Ves, puedes apretar la mano y cerrarla, y se vuelve un puño; o puedes abrirla y ponerla a disposición de Dios y de los demás. Hagan todos esto. Esta elección, manos abiertas o cerradas, es la decisión fundamental que debemos hacer desde tiempos antiguos, desde Abel, que ofreció con generosidad los frutos de su trabajo, mientras Caín “se abalanzó sobre su hermano y lo mató” (Gn 4,8).

Y tú, que sueñas con un futuro distinto, de tus manos, puede nacer el mañana, de tus manos puede llegar al fin la paz que falta en este país. Pero, concretamente, ¿qué es lo que hay que hacer? Quisiera sugerirles algunos “ingredientes para el futuro”, cinco, que pueden asociar a los dedos de la mano.

Al pulgar, el dedo más cercano al corazón, corresponde la oración, que hace latir la vida. Puede parecer una realidad abstracta, lejana de los problemas tangibles. Sin embargo, la oración es el primer ingrediente, el más esencial, porque nosotros solos no somos capaces. Es como un árbol sin raíces. Aunque sea grande y robusto, no se mantiene en pie por sí mismo.

Por eso, es necesario enraizarse en la oración, en la escucha de la Palabra de Dios, que nos permite crecer cada día en profundidad, dar fruto y transformar la contaminación que respiramos en oxígeno vital.

Para conseguirlo, cada árbol necesita un elemento simple y esencial, el agua. Y es así, la oración es “el agua del alma”, es humilde, como el agua, no se ve, pero da vida. Quien reza, madura interiormente y sabe levantar la mirada hacia lo alto, acordándose que fue hecho para el cielo.

Hermano, hermana, es necesaria la oración, una oración viva. No te dirijas a Jesús como a un ser lejano y distante al que hay que tenerle miedo, sino como al mejor de los amigos, que dio la vida por ti. Él te conoce, cree en ti y te ama, siempre. Mirándolo clavado en la cruz para salvarte, comprendes cuánto vales para Él. Y puedes confiarle tus propias cruces, tus temores, tus afanes, arrojándolas sobre su cruz. Los abrazará.

Lo hizo ya hace dos mil años y aquella cruz, que hoy soportas, era ya parte de la suya. No tengas miedo de tomar entre las manos el crucifijo y apretarlo contra tu pecho, derramando tus lágrimas sobre Jesús. Y no te olvides de mirar su rostro, el rostro de un Dios joven, vivo, resucitado.

Fuente: aciprensa

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