En Santiago del Estero, Argentina, se inauguró en octubre de 2021 un parque temático ecuménico e interreligioso.
Este «Parque del Encuentro» tiene una iglesia católica, una capilla protestante, un templo budista, una sinagoga y una mezquita, todos construidos en un simbólico abrazo fraterno en torno a un «anfiteatro de la Pachamama», y presididos por un «obelisco de la fraternidad humana».
El Parque del Encuentro, que se extiende sobre dos hectáreas y media, y ocupa el solar del antiguo zoológico municipal, pretende inculcar en los niños y jóvenes las virtudes del diálogo interreligioso, pero estará abierto a personas de todas las edades.
En la Iglesia Católica, se proyectarán en el techo imágenes de frescos de la capilla Sixtina de Miguel Ángel, mostrando así los estrechos lazos que unen esta iniciativa con el Vaticano del Papa Francisco.
En efecto, según el periodista argentino Lucas Schaerer, «Francisco ha unido a todas las religiones y es reconocido entre los líderes religiosos como un hermano mayor en el diálogo interreligioso que promovía incluso antes de su elección». Este parque representa, según este periodista, «el culto sudamericano a la Pachamama, expresión de la fertilidad de la Madre Tierra».
En una nota manuscrita enviada al politólogo y comunicador argentino Federico Wals, quien consultó al Papa para pedirle consejo sobre la realización del parque, Francisco escribe: «La noticia de esta empresa me llenó de alegría. Que, en medio de tantos desencuentros, una comunidad tenga la fuerza para hacer algo así, presupone valentía, audacia y, sobre todo, el deseo de caminar juntos».
Y el Papa explica: «[aquellos que dan] pequeños pasos hacia el encuentro son artífices de la paz y la armonía» contrarrestando una «Tercera Guerra Mundial» que evoluciona «gradualmente».
Solo podemos invitar a Francisco a leer la encíclica de su predecesor Pío XI, Mortalium animos (6 de enero de 1928), donde se afirma:
«Sabemos, ciertamente, que de esa diversidad de opiniones facilita el paso al menosprecio de toda religión, o indiferentismo, y al llamado modernismo, con el cual los que están desdichadamente inficionados, sostienen que la verdad dogmática no es absoluta sino relativa, es decir, que se adapta a las diversas necesidades de lugares y tiempos, y a las varias tendencias de los espíritus, no hallándose contenida en una revelación inmutable, sino siendo de suyo acomodable a la vida de los hombres».
Fuente: Actualidad