Sin prácticamente ningún líder de la oposición que encarcelar, el gobierno de Nicaragua ha pasado a su único obstáculo para asegurar la reelección: La Iglesia.
Según Rosario Murillo, vicepresidenta del país, los obispos y sacerdotes de la Iglesia católica son los «hijos del diablo» que apoyaron la sublevación civil de meses iniciada en abril de 2018 que dejó al menos 320 muertos, miles de heridos, decenas de miles de exiliados y profundizó la crisis política, social y económica en el país centroamericano.
«Fue una interrupción diabólica de unas semanas en las que nos quisieron arrebatar todo para volver a robar, para volver a instalarse allí, con bendiciones, que son verdaderamente insólitas, bendiciones inauditas de personas cuya santidad está en duda, cuya intermediación ante los poderes espirituales de Jesucristo están completamente en duda», dijo Murillo.
Murillo, que ha sido sancionado por Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea cuestionó: «¿cómo puede ser pastor quien bendice los crímenes, cómo puede ser pastor quien bendice y aprueba que la gente siga muriendo en los tranques, que la gente siga perdiendo todo lo que tiene, que a las mujeres que van a dar a luz no las dejen pasar en la ambulancia?»
En sus declaraciones, emitidas durante el fin de semana mientras el gobierno conmemoraba el 41 aniversario del Ejército de Nicaragua, la vicepresidenta ponía la guinda a los incidentes de los convulsos meses de 2018, cuando las iglesias católicas abrieron sus puertas para atender a los civiles heridos durante las protestas a los que se les negaba el tratamiento en los hospitales públicos. Las catedrales también abrieron sus puertas como refugio a los miles de personas que se enfrentaban a los tanques desplegados por el gobierno para acallar las protestas.
A petición del gobierno, la conferencia episcopal intentó mediar entre el presidente Daniel Ortega y los manifestantes, pero cuando las conversaciones resultaron infructuosas, la pareja gobernante no tardó en culpar a los prelados católicos del fracaso.
Nicaragua celebrará elecciones presidenciales el 7 de noviembre, pero no está claro quién se presentará contra Ortega y Murillo, ya que en los últimos 50 días han encarcelado a 30 líderes de la oposición, incluidos todos los aspirantes a la presidencia.
Además, varios partidos de la oposición han sido declarados ilegales, y el único periódico impreso que queda, La Prensa, fue incautado por la policía el pasado viernes.
Murillo también definió lo ocurrido en 2018 como «crímenes terroristas», y culpó a los obispos de ser «falsos pastores» que realizan «ritos satánicos» y practican «brujería», supuestamente para intentar derribar al gobierno.
Tras acusar al clero nicaragüense de ser «chamanes», Murillo dijo que había perdido la confianza en la Iglesia.
«Perdemos la confianza en una institución que no nos defendió como hijos de Dios, y en cambio defendió crímenes de lesa humanidad a decir verdad, por eso con mucho dolor, el comandante (Ortega) y yo decimos con verdad que son hijos del diablo», dijo la vicepresidenta.
Varios nicaragüenses consultados por Crux a través del servicio de mensajería encriptada Signal señalaron que creen que este último comentario es el más peligroso.
«Nos está acusando de avalar los crímenes de lesa humanidad que supuestamente cometieron los manifestantes», dijo un sacerdote, hablando bajo la condición de anonimato. «Independientemente de que fueran ellos los criminales que abusaron del poder, el hecho de que nos acuse de un crimen les da carta blanca para hacer con nosotros lo que quieran. La gente ha ido a la cárcel por mucho menos en este país».
Aunque es comprensible la reticencia de la gente sobre el terreno a hablar con los medios de comunicación, esto no significa que los obispos vayan a permanecer callados.
Durante la misa del domingo, el obispo Rolando Álvarez dijo que Nicaragua está viviendo momentos trágicos porque el «dragón infernal» quiere acabar con todo lo que representa la esperanza. En lugar de caer en la desesperación, pidió a los creyentes no tener miedo porque el dragón no podrá robar la tenacidad del pueblo para construir una nueva Nicaragua.
Dijo que hoy en el país hay una «lucha feroz entre el bien y el mal», siendo este último como «el dragón infernal, queriendo arrasar con todo lo que se encuentra a su paso, encendiendo con furia y rabia todo lo que representa un signo de esperanza».
El obispo dijo que la esperanza resurgirá como «el Fénix», y por eso instó a los fieles a no tener miedo y a gritar por la paz, la justicia y la libertad.
«Tratan de gobernar e imponer la historia cerrando toda puerta o ventana a la esperanza», dijo. «Sin embargo, nuestra esperanza se levanta y se eleva. Nos llenamos de fuerza, de energía, de vigor y de entusiasmo interior para gritar sin miedo en los templos, en nuestros hogares, en nuestras familias, en nuestros caseríos, cascadas y arroyos, en las montañas y en nuestras ciudades, que el amor ha vencido al odio, que la esperanza vence a la desesperanza, que no nos robarán la fuerza, no nos robarán la energía interior, ni la tenacidad para construir una nueva Nicaragua.»
Fuente: Crux