Ayudado por varios de sus alumnos de la escuela islámica, Ismael Mankda ordena las cajas con miles de botellas de plástico que la mezquita va a repartir entre los peregrinos que se reunirán con el papa Francisco la próxima semana en Panamá durante la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ).
“Vamos a repartir 15 mil botellas de agua bien fría. Con el calor que hace, el agua fría va a ser un tesoro”, indicó el “shaykh” o maestro islámico.
Una veintena de voluntarios musulmanes se apostará a un costado del templo con contenedores cargados de hielo y botellas de agua para ayudar a los miles de peregrinos católicos a combatir el sofocante calor y el inclemente sol del país centroamericano.
La comunidad islámica decidió colaborar en la JMJ, que se celebrará entre el 22 y el 27 de enero y es la primera que se realiza en Centroamérica, porque “no es solo un evento católico, sino que es un evento del país y de la región”, explicó Mankda, proveniente de una familia india que llegó a Panamá hace más de medio siglo.
“Este trabajo que ahora aflora (con la JMJ) lo hemos estado realizando desde los inicios de nuestra República. La buena relación entre judíos, musulmanes, católicos, anglicanos, metodistas, bahá’í, mormones y pentecostales para nosotros es de lo más normal”, apuntó el arzobispo de Panamá, José Domingo Ulloa.
El 80% de la población panameña es católica, pero en el país también viven más de siete mil musulmanes y 15 mil judíos, lo que constituye la colonia hebrea más grande de Centroamérica, según datos oficiales.
El rabino de la Congregación Kol Shearith Israel, Gustavo Kraselnik, declaró a Acan-Efe que la convivencia interreligiosa en América Latina “por lo general” es buena, pero que en Panamá es “especialmente sana”.
“Panamá es el único país del mundo, después de Israel, que ha tenido dos presientes judíos. Esto demuestra que es un mosaico de religiones. No sé si es el clima tropical o el sabor caribeño, pero aquí no hay los roces que hay en otras partes del mundo”,apuntó el rabino argentino.
Su sinagoga, situada en el acaudalado barrio de Costa del Este, va a hospedar durante una semana a medio centenar de peregrinos polacos.
Para ello, han construido varias duchas portátiles y han enmoquetado las salas de la sinagoga donde dormirán los jóvenes: “Los que no somos católicos nos hemos contagiado un poco del entusiasmo”, reconoció.
Los que también se han sumado a este evento, que cada tres años reúne al papa con jóvenes de todo el mundo, son los unionistas, una rama del cristianismo protestante.
La Balboa Union Church, a las faldas del famoso Cerro Ancón, cederá sus instalaciones para que 350 jóvenes reciban catequesis diariamente y funcionará como centro de distribución de 2.000 mochilas para los peregrinos.
“La convivencia interreligiosa significa trabajar juntos por el bien de la sociedad. La colaboración es el espíritu de todas las iglesias y así debería ser en todos los países”, dijo la abogada de la congregación unionista, Betsy Moran.
Fuente: Prensa Libre
